Por: Antieditorial

¿Salud digna (sic)?

El editorial quizá quiso decir: "Para tener un sistema de aseguramiento en servicios médicos (y afines) digno, humano, que trate bien a los pacientes…”.

Vale advertir lo anterior, debido a que la triste confusión de términos según la cual salud y servicios médicos son tenidos como sinónimos es parte grave y fundamental del problema, escenario del que se desprende un dato suministrado recientemente por Amilkar Acosta: “en los últimos ocho años han perecido 4.700 niños de la comunidad Wayúu en La Guajira atribuible a causas asociadas con la desnutrición” (Una grave situación. S.O.S por la guajira; diciembre 22, El Nuevo Siglo). Escandalosa cifra equivalente a tres niños muertos —por causas asociadas con la desnutrición— cada dos días durante dicho período, dolorosa situación, inevitable así tuviéramos un sistema de aseguramiento en servicios médicos “digno, humano, que trate bien a los pacientes…”, pues la prevención y cura de la desnutrición, la enfermedad más mortífera del mundo según la OMS, no depende de médicos o medicamentos.

Es muy probable entonces que dichos niños no hubieran escapado de tan triste suerte a pesar de “gozar” de la tal “salud subsidiada”, así tuviera las virtudes añoradas por el editorial, pues mientras no se entienda que la atención médica es tan solo uno de los determinantes de la salud, tal vez de los menos importantes en la cotidianidad, este tipo de contradicciones seguirá ocurriendo.

Bbien decía Eneko Landaburu, exdirector general de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, que “la nutrición, la vivienda, la canalización de las aguas, la limpieza y el saber influyen muchísimo más en la salud que los medicamentos”; en el mismo sentido, el Doctor G. Ferguson, exdecano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, señalaba que “más que medicamentos, lo que necesita un pueblo para mantener la salud es alimento, agua potable, alcantarillado, etc.”.

Piense el lector por un momento si las toneladas de drogas “milagrosas” hoy conocidas pueden mejorar la calidad de vida humana en un tugurio o solucionar los problemas (de salud) de sus moradores.

De nada sirve entonces inaugurar hospitales por todo el país mientras no resolvamos urgentes problemas en determinantes de la salud ajenos a la medicina y más importantes que ella, paradójico e inaceptable contexto que obliga a recordar a Luis A Vélez: “En el fondo surge la contradicción entre gastar millones para tecnologías que salvan vidas de personas que por otro lado dejamos que sigan viviendo en niveles de miseria”, ingrediente adicional que ocurriría a los niños de la comunidad Wayúu en La Guajira en el caso de ofrecerles la clamada “salud digna…”.

Y suponiendo que pudiéramos prolongarles la existencia a punta de atención médica, sin mejorarles sus condiciones de vida, tenemos que recordar a M. Abdussalam: “Para la mayor parte de la humanidad que vive bajo las sombras mellizas de la pobreza y la enfermedad, añadir años a la vida puede representar principalmente la prolongación de una existencia difícil y penosa más que una bendición”.

 

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