Por: Luis Carvajal Basto

Santos: en la recta final

El país sigue dividido y el sol comienza a ponerse a sus espaldas, pero al presidente le queda un año y medio para consolidar sus políticas y jugar sus cartas en las presidenciales.

La agenda económica y política del país y la del mismo gobierno no se agotan en lo acordado con las FARC. El acuerdo será refrendado en el Congreso y  convertido en bandera, por unos, y declarado objetivo político, por otros. Aun así, será  eje sobre el que seguirán girando política y gobierno los próximos años. Continuaremos en la dicotomía estéril entre  sí y  no hasta una “refrendación”  presidencial en 2018, por lo pronto. ¿El acuerdo definirá las elecciones o las elecciones definirán el futuro del acuerdo? Es difícil separar una cosa de la otra.

Pero, ¿Pesa tanto este acuerdo  como para que los objetivos del país se reduzcan a cumplirlo o  no? Lo que se observa es la continuidad de una polarización con más pasiones que razones. Ya se ven, al menos, dos coaliciones  enfrentadas ¿No existe  Colombia más allá de ello?

Existe y prueba de ello son, por ejemplo, las malas noticias de la economía  con una caída en el Comercio Exterior  y no solo en las importaciones como consecuencia de la tasa de cambio. La cifra de crecimiento en el tercer trimestre, 1.2%,  significa que en el mejor de los casos cerraremos el año en 2%. Con una declinante economía y menos ingresos fiscales, tendremos restricciones  en muchas áreas, entre ellas, cumplir cabalmente los acuerdos.

La irregularidad en el desempeño económico,  diferente a precios del petróleo, se ha adjudicado al paro camionero; al fenómeno del niño, y, más recientemente, se ha reconocido  que la subida inclemente en la tasa de interés  propició la contracción en la demanda. Pero si el clima es incontrolable, tasas y paro no lo son cabiendo responsabilidad a  funcionarios en trance de candidatos. En lo que queda de gobierno, una vez conseguido el objetivo de firmar la Paz, se espera que el Presidente  ajuste el rumbo.

Vicepresidente  y  Ministro de Hacienda han desarrollado una agenda presidencial 2018 aparte de la del propio gobierno y eso ha tenido consecuencias. Para el Ministro no hay disculpa en la independencia constitucional de la Junta del Banco de la República. La subida de tasas ha sido el factor con mayor incidencia en el menor crecimiento del PIB .Habría podido llenar de razones a la junta abriendo un gran debate público con una estrategia similar a la que usó para tratar de aclimatar la reforma tributaria. También se quedó “estatua” (¿Mannequin Challenge?)  frente a la disparada del dólar responsable del desbordamiento en la inflación. En el caso del Vicepresidente, el Ministerio de Transporte pertenecía a su “jurisdicción” (O pertenece), cuando menos hasta que comenzó el paro. También por razones de inhabilidades y términos, a los dos funcionarios les llega la hora  de continuar su campaña por fuera del gobierno.

Todo esto ocurre en un momento en que la reforma tributaria, que no será estructural, resulta tan necesaria para los menguados ingresos del Estado y las exigencias de las calificadoras de riesgo, como imposible por las circunstancias políticas.

Así que  firmado y refrendado el acuerdo  al gobierno corresponde seguir gobernando  ojalá con mejor suerte en el entorno internacional pero también afinando y armonizando la ejecución de políticas. Necesita un nuevo equipo de gobierno  que no practique el desafío del maniquí.  

@herejesyluis

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