Por: Luis Carlos Reyes

Se acabará la guerra y seguirá el narcotráfico

No más muertos. Votemos por el “Sí”. Pero no esperemos que se acabe la coca con sustitución de cultivos (ni con erradicación).

Los datos sobre las políticas contra los cultivos ilícitos en Colombia se dividen en dos clases. Están los de aspersión con glifosato y erradicación manual, que son completos, detallados y exactos. Demuestran, según toda la literatura científica al respecto, que estas políticas son entre inútiles y contraproducentes en su cometido de acabar con la coca. La otra clase de datos son los que no existen sobre los resultados de los programas de sustitución de cultivos ilícitos.

Abundan, sí, folletos y cartillas en papel brillante, con lindas historias y fotos a todo color de campesinos sonrientes que muestran con orgullo sus cultivos de cacao, palma de aceite o el “proyecto productivo” de turno. Pero eso no es evidencia de la efectividad de dichos programas. Los beneficiarios a veces ni siquiera cultivaban coca, y aunque lo hubieran hecho es probable que la coca simplemente se haya desplazado a otras regiones. De las decenas de programas de sustitución de cultivos ilícitos, sólo hay datos muy generales y desorganizados de cuánto se gastó en cada uno. Nada en ellos permite evaluar con rigor si su efecto neto es reducir el cultivo de la coca. Hace ya unos años, un funcionario de uno de los países que financiaron estos esfuerzos me dijo con franqueza que en esto se botaron millones de dólares, sin ton ni son, y sin saber exactamente en qué fueron a parar.

El acuerdo de paz estipula que los programas de apoyo al campo deberán ser evaluados para medir su efectividad, y esperemos que esto se cumpla. Es necesario realizar pruebas aleatorias controladas y recoger datos tanto de beneficiarios como de no beneficiarios para que podamos determinar rigurosamente si la sustitución de cultivos ilícitos tiene los efectos deseados. Pero, la verdad, yo no me hago ilusiones.

La lógica económica de la sustitución de cultivos es la misma que la de la erradicación forzosa, que no funciona. La erradicación trata de aumentar el costo del cultivo de la coca, mientras que la sustitución busca dar alternativas más rentables. En ambos casos, la idea es aumentar el costo de oportunidad de cultivar coca. Y esto no sirve, porque por cada gramo de cocaína pura que se vende en las calles de EE.UU. por 191 dólares, un campesino colombiano recibe unos 80 centavos. Aunque nos inventemos un programa que les triplique los ingresos legales a los campesinos, los narcotraficantes van a tener plata de sobra para pagar mejor que cualquier otro producto agrícola.

Las políticas antidrogas enfocadas en lo que los campesinos hagan o dejen de hacer están destinadas a fracasar, sobre todo desde una perspectiva global. Por allá en 1994, cuando casi toda la hoja de coca se producía en Perú y se traía a Colombia para convertirla en cocaína, un aumento en la vigilancia fronteriza logró que no llegara más coca peruana. Pocos años después nos convertimos en el principal productor mundial de hoja de coca, porque mientras haya consumidores de cocaína habrá productores de coca.

Si algo quizá funcione es atacar a los grandes traficantes de droga. Pero en esto también van años y miles de millones de dólares invertidos, y el precio de la cocaína en EE.UU. hoy es más bajo que en la época de Pablo Escobar. Ajustando por la inflación, en 1990 el gramo en dicho país costaba 296 dólares, y para 2012 ya había bajado a 191. ¿Para eso fue que pusimos tantos muertos?

Nada de esto es un secreto para los tomadores de decisiones en Colombia o en EE.UU. Lo que pasa es que el público estadounidense todavía se opone a la legalización y existen tres convenciones de la ONU que tocaría renegociar si se va a hablar en serio de descriminalizar el consumo y la producción de drogas. Pero es hora de coger seriedad y reconocer que esta puede ser la mejor opción.

Coletilla: El enredo de la política antidrogas no se va a solucionar votando en contra del acuerdo con las FARC. No más muertos en el conflicto interno y sí a la paz.

* Ph.D., Profesor Asistente, Departamento de Economía, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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