Por: Alvaro Forero Tascón

¿Se pueden renegociar los acuerdos de paz?

El objetivo del plebiscito era decidir si frenar el conflicto armado con las Farc o continuarlo. Ahora se dice que el objetivo es decidir entre el acuerdo firmado y uno mejor.

El nuevo propósito —basado en que ambos sectores políticos quieren la paz negociada— está logrando desplazar al original y a punto de determinar el resultado del plebiscito. Por ende, verificar su viabilidad debe ser el centro del debate.

El propósito inicial permitía un voto a conciencia, con conocimiento pleno de sus consecuencias: para acceder a los beneficios del acuerdo, las Farc debían cumplir antes su obligación de entregar las armas y ser juzgados. Si cumplieran, se sabe qué obtendrían tanto la sociedad como la guerrilla. Las causas y las consecuencias de votar No eran igualmente claras. Se basaban en que negociar con terroristas era debilidad, inmoral perdonarlos y peligroso darles participación política. Que se debía insistir en derrotarlos militarmente, porque la demora y el costo en vidas se compensaba en no hacer conseciones judiciales y políticas demasiado gravosas. Pero esa alternativa fracasó políticamente. Perdió dos elecciones, casi todas las encuestas y los debates mediáticos.

El nuevo propósito del plebiscito, por el contrario, no permite saber de antemano cuáles serían las consecuencias de votar No. No lo permite porque no es basado en principios sino en un cálculo electoral. En lugar de seguir oponiéndose a la lógica de la paz, los opositores decidieron unírsele para neutralizarla: dijeron “todos queremos la paz”. En una campaña normal, ese cambio habría sido visto como una combinación de derrota, oportunismo y mentira. Pero los referendos o plebiscitos sobre temas sensibles son de emociones y no de razones, y se prestan para el populismo. Como la campaña pro Brexit, que sostenía que el propósito de votar por “salir” realmente era renegociar el acuerdo con la Unión Europea, no retirarse definitivamente. De hecho, en el aturdimiento después de la elección, se consideró la posibilidad. Pero en días, los intereses electorales controlaron la discusión, y se conformó una coalición para tomarse el poder cabalgando sobre el triunfo de “salir”.

La pregunta entonces debería ser por qué la oposición al proceso de negociación decidió súbitamente que es mejor la vía negociada. Pero como no es posible conocer razones íntimas, la pregunta útil es si es posible renegociar los acuerdos.

Jurídicamente sería posible renegociarlos, políticamente no. Las Farc han dicho que si ganara el No, no entregarían las armas, pero no se levantarían inmediatamente de la mesa. Y el presidente Santos sería el primer interesado en salvar su iniciativa de paz renegociando. El problema es que muy seguramente la oposición al proceso, viéndose triunfadora, no le entregaría un cheque en blanco a Santos para hacer la paz y salvar su Presidencia. Por el contrario, reforzaría su rechazo creciente a los términos del acuerdo, y sabiéndose con un pie en la Casa de Nariño en la elección presidencial de 2018, buscaría congelar o destruir el proceso de paz. Quedarían dos años hasta la llegada de un nuevo gobierno, congelados por una campaña presidencial dividida por los mismos temas y actores de hoy. En esas condiciones no habría renegociación posible.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alvaro Forero Tascón

Duque, ejecutor

Duque: antítesis o síntesis

¿Es momento para el radicalismo económico?

Gobierno - Oposición

Santos