Por: Columna del lector

Sepa usted que está siendo engañado…

Que cada vez que compra o lee cierto tipo de revistas, lo que usted lee no solo entretiene, lo amarra, lo condiciona y lo enmarca en un imaginario social del que no está consciente.

Por: María José Castaño

Claro, son muchas las excepciones, pero la gran mayoría de los contenidos de las revistas en Colombia tienen una función narcotizadora y cegadora que lo adentran en el mercado del consumo, de la aspiración y de las mentiras, al que sólo los más valientes son capaces de rebelarse.

“Sexo, estilo de vida y dieta, eso es lo único que las mujeres quieren leer”, me explicó el editor de una reconocida revista dirigida al público femenino. La última dieta de Hollywood; el último grito de la moda; el tamaño no importa; los beneficios del detox, y otros titulares carnada caracterizan estos medios donde la mujer es el target más fácil de engañar. No tengo nada en contra de la gente que solo quiere leer trivialidades, pero sí considero que debemos pensar cuál es el efecto de este tipo de esas triviales en nuestras vidas.

Estos contenidos no solo empobrecen a la mujer, sino que determinan los estereotipos sobre el cómo debe comportarse o lucir ésta para ser aceptada y amada por la sociedad. Es claro que hay un motivo publicitario detrás de estos medios especializados, y que sus contenidos son una forma más de reforzar las aspiraciones que, en el caso femenino, parecen ser la belleza, la juventud y la capacidad de seducción. Limitarnos a promover estos valores es equiparar a la mujer al objeto.

Es claro que los productos se venderán mejor si los contenidos refuerzan la promesa de una mujer que no engorda, no envejece, no suda, no sufre, y que, al parecer, tampoco piensa.

No estamos pidiendo densidad intelectual, ni siquiera temas culturales, pero sí cuestionarnos por qué no hay espacios para promover otros valores como el desarrollo profesional, la familia o la inteligencia. Toda lectura, por frívola e inocente que parezca, transmite un mensaje que repercute en lo que somos o en lo que queremos ser.

Esos medios culparán a las lectoras porque son ellas quienes exigen ese tipo de contenidos. Se escudarán en que solo publican lo que consideren de interés para la audiencia. Hoy, las mujeres tienen tantos roles en la sociedad que hay todo un abanico de temas que se podrían explorar, tales como los retos de una vida corporativa, sobre finanzas personales, sobre cómo liderar un equipo, o sobre cómo lidiar con esa loca de la casa que todas tenemos dentro. Dirán los escépticos que para eso hay otro tipo de publicaciones, pero no. Las hay, pero no escritas desde un enfoque femenino.

Playboy, la revista erótica más famosa de todos los tiempos, se destacaba por la calidad de sus reportajes y artículos. Para no ir muy lejos, Soho no solo muestra chicas en cueros, también ha publicado algunas de las mejores crónicas literarias de nuestro país. El punto es que estos contenidos no son excluyentes, y tanto lo ligero como el contenido enriquecedor que sacude al lector, que lo instruye, pueden convivir.

Dudo que a las revistas mencionadas les importe reforzar los estereotipos, adular la elección de vidas vacías, donde las mujeres se valorarán si adelgazan, lucen guapas y jóvenes. Por eso, la conciencia y rebeldía del lector es esencial, y lo único que podría exigir contenidos que promuevan diferentes valores. Y así estos no cambien (porque va en contravía del mercado), concientizar al lector para que incluya el escepticismo y la duda ante cualquier lectura de inocente apariencia, es un triunfo que va más allá de cualquier expectativa.

@maria_mimia

Buscar columnista