Por: Antieditorial

Sí al voto de los militares

Desde el gobierno del presidente Olaya Herrera, en la década del 30, está vigente la prohibición del voto a los miembros de la Fuerza Pública, tanto militares como policías.

Por Andrés Molina Araújo

La justificación de esta prohibición está fundamentada en el carácter no deliberante que debe tener la institución castrense. La prohibición persigue dos fines: de una parte, impedir la presión de los superiores sobre los oficiales de menor rango y sobre los soldados, lo cual deformaría el voto libre, y de otro, prevenir la intrusión de la política en el cuerpo armado, lo que podría comprometer la disciplina militar.

Adicionalmente existe un antecedente histórico para justificar la prohibición: la politización de la policía en los años 50, conocida como la “chulavita”, de orientación conservadora y que sembró el terror en contra de los liberales en la llamada Violencia.

Algunos historiadores consideran que esta prohibición sirvió para que nuestro país estuviese en cierta medida “blindado” frente a la tentación de tomas de poder por parte de los militares, como, en efecto, sucedió en varios países latinoamericanos que tienen una larga y triste historia de dictaduras militares y golpes de Estado. En Colombia, sólo en una ocasión de nuestra historia reciente padecimos la dictadura de Rojas Pinilla, que, irónicamente, se conoce más como la “dictablanda”.

El debate sobre si los uniformados puedan o no tener el derecho al voto vuelve a estar sobre la mesa a raíz de un proyecto de acto legislativo de autoría del senador Roy Barreras, quien considera que los miembros de la Fuerza Pública no pierden el carácter de ciudadanos por pertenecer a la institución castrense y como tales deben y pueden ejercer este derecho, como el resto de ciudadanos. Aclara el congresista que su proyecto sólo busca restablecerles el derecho al sufragio a los uniformados, pero no incluye la posibilidad de la deliberación de la Fuerza Pública como institución, ni la militancia partidista. Por supuesto que trazar esa frontera será tarea ardua, pero no por ello debe descartarse de tajo esta iniciativa.

En efecto, Colombia es uno de los pocos países del mundo que aún mantienen esta prohibición. En la mayoría de países se ha reconocido el derecho de los militares a votar, entre ellos España, Perú, Chile, Argentina, Paraguay, Nicaragua y Venezuela, países éstos que sufrieron los abusos y las violaciones de dictaduras militares. En estos países ha quedado demostrado que es sana para la democracia la participación de todos sus ciudadanos en la elección de sus gobernantes.

En este sentido, si en estos países, con cruentas historia de golpes de Estado y dictaduras, los militares pueden ejercer su derecho al voto, ¿por qué mantener en Colombia esta prohibición que parece anacrónica?

Los argumentos en contra del voto militar en Colombia se centran en los riesgos que supondría hacer tal concesión, principalmente el riesgo de que las Fuerzas Armadas terminen politizadas, como ha sucedido con otras instituciones, como las universidades públicas. Este es el ejemplo que trae una nota editorial del diario El País de Cali.

Similar posición sostienen la revista Semana y el editorial de El Espectador de hoy. Coincidencialmente, ambos citan un informe del Grupo de Memoria Histórica, Basta ya, en el cual se afirma que en el ejército colombiano echó raíces un peligroso anticomunismo que ha permeado de ideología a esta institución.

Sin embargo, tales argumentos, como el otro de que no es el momento histórico para concederles a los militares el derecho al voto, no tienen justificación. Por el contrario, es éste el momento oportuno para hacerlo. Precisamente porque hay que equilibrar las cargas. A las Farc se les han hecho demasiadas concesiones en el proceso de paz, y aprobar el voto militar es no sólo una concesión mínima en comparación con las otorgadas a la guerrilla, sino que es la mejor prueba de que, en realidad —y no en el discurso—, la Fuerza Pública quiere la paz y está preparada para la paz.

Adicionalmente, como quedó reseñado, en otros países con historias más graves de abuso del poder militar, hoy los uniformados ejercen su derecho al voto sin comprometer a la institución castrense. Llegó el momento de permitir que los militares puedan votar libremente. ¿Cuál es el miedo?

 

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