Por: Francisco Gutiérrez Sanín

Sistematicidad

El debate público colombiano a veces nos da regalos. Uno reciente es el hecho de que un término que rara vez sale de los claustros académicos —”sistemático”— haya terminado de protagonista de dos debates esenciales para nuestro futuro.

El primero es el del asesinato de líderes sociales en Colombia. Al fiscal Néstor Humberto Martínez le dio por afirmar que no era “sistemático”. Esta declaración, en boca de la cabeza visible del principal ente investigador del Estado, es de una irresponsabilidad pasmosa. Y además: ¿qué es lo que quiso decir? ¿Que si matan a 1.000, o a 2.000, o a 5.000, podemos estar tranquilos, porque murieron asistemáticamente? Pues la evidencia simple y clara —que destacó muy bien Ruddy Hommes, un liberal de verdad, a quien por serlo siempre he respetado— es que a los líderes sociales colombianos, sobre todo a los del campo, los están asesinando a un ritmo que debería alarmar a alguien con un mínimo de consideración y de sentido de responsabilidad social y política. Es una violencia que culmina en el homicidio, pero que tiene un contexto de acoso y estigmatización del que el Estado es en parte responsable, por omisión y muchas veces por acción.

Si Martínez quiso decir que no creía que hubiera un plan maestro para asesinar a los líderes, también aquí falla. Por varias razones. Primero, porque la hipótesis de que no hay tal plan es de hecho más intranquilizadora que la otra: lo que está sugiriendo es que en muchas regiones están sentadas las condiciones y estructuras de poder para que se pueda acabar con la vida de gentes que resultan incómodas. Segundo, porque su función no es la de un académico, que puede o no especular sobre determinadas hipótesis. Martínez es un alto funcionario del Estado y debería saber que su labor pasa por evaluar cuidadosamente el impacto de cada una de sus declaraciones públicas. Me angustia —y, soy franco, me da rabia— que en una situación en que matan semanalmente a uno o dos dirigentes, y en un país que tiene el precedente de la Unión Patriótica, Martínez salga a sugerir que aquí no ha pasado nada. Y tercero, porque Martínez no sólo no parece entender la magnitud de la situación, sino el significado de las palabras que usa. Una de las principales acepciones de “sistemático” es “regular”, es decir, que ocurre con regularidad. En ese sentido, si hay algo sistemático en la Colombia de hoy es el asesinato de líderes sociales. En vez de declaraciones light, Martínez debería estar pensando en contribuir a desarrollar políticas públicas que permitieran superar este fenómeno nefasto. Esas políticas aún no existen, ni se observa alguna actividad gubernamental orientada a construirlas.

El segundo debate está relacionado con la sentencia del Consejo de Estado acerca de las mentiras sistemáticas que propaló la campaña del No en el plebiscito. Puso furiosísimos a los uribistas, que se lanzaron como tigres contra ella y su autora. ¿Cómo intentaron refutar la idea de que habían mentido? Con una campaña para demostrar que Juan Carlos Vélez había dado sus declaraciones borracho. Con otra en las redes sociales que da por terminada la democracia en Colombia, que afirma que nuestra situación es idéntica a la de Venezuela, y que se lamenta porque la “dictadura” santista (a veces “sangrienta dictadura”) no deja que la oposición se exprese. Algún senador mientras tanto decía que Santos planeaba con Timochenko suspender las elecciones de 2018. Andrés Felipe Arias a su vez afirmó que “tenía evidencia” de que su extradición había sido negociada en La Habana (a propósito: me deja patidifuso que a ningún periodista se le ocurra pedírsela).

¿Qué opina el lector? ¿Encuentra una verdad —una solita— en toda esta basura, o cree que en realidad estos líderes del Centro Democrático son embusteros sistemáticos?

Felices fiestas.

 

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