Por: Catalina Uribe

Sobre lo políticamente correcto

En la primera entrevista televisada como presidente electo, Donald Trump les pidió a sus seguidores que paren de incitar al odio.

Es más, cuando la entrevistadora le preguntó si era consciente de las recientes agresiones a musulmanes y afrodescendientes, Trump respondió con desparpajo: “Estoy muy sorprendido, odio oír eso”. A raíz de estas respuestas varios críticos han afirmado que el futuro presidente de EE. UU. ha moderado su tono y que en realidad su discurso violento no era más que una estrategia retórica que diferencia el lenguaje de lo políticamente correcto de las “acciones reales”. Pero, ¿qué tan diferenciables son estas dos cosas?

Varios analistas han culpado a la corrección política de la victoria de Trump. Al respecto afirman que la gente estaba tan cansada del discurso en contra del sexismo y del racismo que se sintieron aliviados con un futuro presidente cuya retórica atacara a ciertas minorías sin reparos. Aseveran además que el lenguaje de lo políticamente correcto no hace más que evitar el debate y reprimir a quienes piensan distinto. Pero la entrevista de Trump no nos puede confundir, no existe tal cosa como un discurso completamente violento separado de acciones concretas.

El siguiente pedazo de un artículo del New York Times publicado en 1922 nos puede ayudar a entender un poco los peligros del lenguaje de odio: “Varias fuentes confiables y bien informadas confirmaron que el antisemitismo de Hitler no es tan genuino o violento como suena, y que él meramente usa la propaganda antisemita como carnada para atrapar seguidores y mantenerlos excitados y entusiasmados”.

El asunto no es, como varios han dicho, que Trump se vaya a volver como Hitler. El problema es que, así Trump no esté dispuesto a llevar a la práctica sus amenazas de campaña, hay muchos de sus seguidores que sí lo están. De hecho, los crímenes de odio contra musulmanes aumentaron recientemente en un 69 %. Lo políticamente correcto no consiste entonces en reprimir lo que se piensa, sino que marca el límite social de lo que ya se sabe que le hace daño a la gente. Cuando se levantan las barreras de la crueldad y de la violencia, cualquier persona, confiando en su propio criterio, es capaz de hacer una cantidad de bestialidades.

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