Por: José Roberto Acosta

Sobre los Trump colombianos

Es paradójica la “indignación” de tanto analista y político local con la elección de Donald Trump como presidente del país más poderoso del mundo, pues, aunque reniegan de sus incendiarias declaraciones, de dientes para afuera, en su intimidad y acciones, las comparten.

Trump promete gran desarrollo de la infraestructura vial y portuaria, pero igual que acá, sin decir que dicha inversión se hará con recursos públicos para enriquecer a sus socios privados.

Considera que el calentamiento global es una patraña y que los ecologistas son una manada de fundamentalistas más peligrosa que Osama Bin Laden, por lo que se debe arremeter con cemento un agresivo plan de “desarrollo”. Tal vez Trump copie el esquema colombiano de las “licencias exprés”, que maneja a dedo el vicepresidente local, quien también considera el ambientalismo como obstáculo para la “prosperidad” económica.

Propone levantar restricciones a la explotación petrolera mediante el fracking, pues produce trabajos pero, igual que acá, no informa que dicha técnica es más intensiva en capital que en mano de obra y con daños geológicos irreparables.

Trump amenaza con encomendar a su abogado general la persecución a su contrincante política Hillary Clinton, igual de corrupta a él, después de haber amenazado con no reconocer las elecciones si las perdía, igual que en Colombia, donde además se acatan los fallos judiciales sólo sin son absolutorios para los propios compinches.

También propone echar para atrás la reestructuración del sistema de salud hecho por Obama, pues eso de salvarle la vida a un anciano con recursos públicos es muy caro e inoficioso, igual que el discurso utilitarista del Ministro de Salud local.

Espera llenar la cárcel de Guantánamo con el mayor número posible de “enemigos” de EE. UU., a los que promete extirpar con la fuerza militar más poderosa que se haya conocido la historia, a pesar de estar perdiendo esa guerra sucia hasta en su propio territorio. Igual que muchos guerreristas criollos.

Considera que eso de estudiar filosofía no sirve de nada y se debe sólo incentivar la formación instrumental de una clase obrera y profesional que conviene mantener irreflexiva, pero eficiente a la hora de trabajar. Igual que el alcalde de Cartagena.

Y al que lo contradice lo llama bruto, idiota, loco, ignorante, mamerto o terrorista. Ni modo; si pasa en Los Simpsons, pasa en la vida real.

@jrobertoacosta1

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