Por: Cartas de los lectores

Sobre una columna y dos editoriales

Dos cartas de los lectores

Sobre una columna

Qué visión más descarnada y más exacta la que expresó en su columna de hoy el señor Julio César Londoño: “¡Por amor de Dios, otros 50 años de sangre y babas!”. Tal vez poniendo las cosas en esos términos despierte tanto ingenuo engañado por las diatribas irresponsables de quienes afirman que si gana el no, pues simplemente se vuelve a empezar el proceso y sanseacabó. Semejante irresponsabilidad ha sido tradicional en tantos dirigentes politiqueros colombianos que ya nos parece normal que ocurra. Columnas como la citada deberían mover a la reflexión de los lectores y preguntarnos si, además, no sería ya hora de desacralizar tanto falso héroe histórico que sólo ha traído tragedia para el país y enriquecimiento para ellos, sus familias y sus cómplices. Felicitaciones, don Julio César.

Sobre dos editoriales

Los editoriales de El Espectador relacionados con la grave situación que vive Nicaragua, en su negación profunda a que las libres fuerzas de la democracia operen con suma seriedad y objetividad (“Daniel el autoritario”, 05/07/16), así como el referido al voto de los militares en Colombia (“El voto de los militares”, 04/07/16), muestran con rigurosidad señera la realidad de las cosas, pues entregan en el fondo las evidencias que produce el sano juicio y el justo medio, probando que en ninguno de los casos en comento es bueno e inteligente que se impongan esas medidas, porque el poder hay que mantenerlo alejado de atmósferas y ambientes dañinos que lo puedan pervertir y subvertir.

Las dictaduras así como las dictablandas son horrorosas, pérfidas y desmoralizantes. En esa misma dirección, dañarles el ambiente de tranquilidad y paz a las Fuerzas Militares, que se vive hoy con su imparcialidad a todo lo que tenga que ver con escogencia de candidato para votar en las justas electorales, es exponer al país a mareas que traen disgustos fenomenales en unas Fuerzas Armadas que deben estar unidas para defender la constitucionalidad del país, sin tomar partido.

Las banderas rojas o azules no deben invadir sus campos. Es armar una tremolina sin necesidad.

 

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