Por: Iván Mejía Álvarez

Tecnología y gigantismo

Es evidente que Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, quiere un fútbol diferente al que le gusta a la gente. No importan las altísimas cuotas televisivas, la pasión que despiertan los torneos en todo el mundo, el sucesor de Blatter quiere pasar a la historia por ser el “revolucionario” que llegó para cambiarlo todo.

Se recordará a Havelange y Blatter como los “corruptos” que desfalcaron la credibilidad y las arcas de la rectora del fútbol mundial. Infantino quiere que le recuerden como el gran innovador.

Al titular de la FIFA le ha entrado un afán por meterles tecnología a los partidos y a las decisiones arbitrales. Su experimento en el Mundial de Clubes plantea muchas incógnitas y por ahora el VAR , nombre con el que se conoce el sistema del video arbitral, no recibe la aprobación de los diferentes estamentos. A los jugadores involucrados en los fallos de los dos primeros partidos no le cayó en gracia el sistema. Una pena máxima a los 2 minutos y medio de que haya pasado la jugada es una terrible experiencia para la gente de Nacional, que expresó valientemente que “eso no es fútbol”. Tampoco les gustó a los del Real Madrid que vieron como pararon dos minutos y medio el partido para finalmente convalidar la anotación de Cristiano Ronaldo. Una jugada legal, autorizada por el asistente que la vio clara, termina convertida en un dudoso show por error de interpretación del juez.

Algunos defenderán el videoarbitraje y otros estaremos de acuerdo con Modric, Zidane, los de Nacional y muchísimos aficionados que han expresado su rechazo a la confusión causada por una mala implementación de lo que quieren adoptar. Cada cual está en su derecho de pensar como le venga en gana, lo cierto es que en Japón esto fue un desastre y resultó ridículo y risible el experimento.

Infantino también quiere pasar a la historia como el presidente del “gigantismo”. Un mundial de 48 equipos, con repechajes, que servirá para que selecciones de menor calado de confederaciones que ofrecen votos para la reelección se sientan felices. Una porquería que dejará en evidencia lo inútil de los torneos eliminatorios. En fútbol, la cantidad es enemiga de la calidad. Y si no lo cree, mire cómo terminó esa Copa Libertadores con 48 equipos, donde entra hasta un cuarto reclasificado, perdiendo la gracia y dejando en evidencia que la Copa Sudamericana no sirve para nada.

El fútbol no va bien, Infantino es un loquito de la tecnología y el gigantismo. Mala señal, ese no es el fútbol que nos gusta…

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