Por: Hugo Sabogal

Tendencias para 2016

A juzgar por los principales premios y concursos dedicados a los vinos americanos y españoles, el próximo año veremos notorios cambios en algunos países, mientras que en otros observaremos una fuerte tendencia a mantener el statu quo.

En el primer grupo debemos mencionar de manera muy especial el caso de Chile, donde se vive una verdadera explosión de estilos y variedades.

Es cierto que el país austral no les quitará el ojo a sus ya tradicionales tintos y blancos como Cabernet Sauvignon, Carménêre, Merlot, Syrah, Chardonnay y Sauvignon Blanc. La sorpresa, sin embargo, estará en el continuado rescate de variedades perdidas en el tiempo y en el ascenso de otras poco exploradas. En esta carrera no sólo participan rebeldes con causa, sino las más consagradas casas productoras chilenas.

La última edición de la guía Descorchados, considerada la mejor vara de medición de los cambios y las tendencias en la nación suramericana, pone en los primeros lugares a bodegas como De Martino, que se alza con el premio al mejor blanco chileno con un vino de Moscatel, variedad ignorada durante décadas por carecer de pedigrí. Otra cepa blanca en ascenso es la Gewürztraminer (pequeño tesoro franco-alemán), que hoy se convierte en nuevo estandarte de bodegas como Ramirana y Casa Marín.

Otro capítulo interesante es lo que ocurre con la variedad Cinsault, traída de Francia a mediados del siglo XIX, pero caída en el olvido. Ahora renace gracias al trabajo de Martino (nuevamente) y de Viña Montes. Pero lo más destacable es que la gigantesca viña Concha y Torno la ha incorporado en un nuevo vino, en el que la mezcla con País, cepa inicial de la vitivinicultura chilena, pero que en el siglo XX fue prácticamente desheredada por su supuesta falta de clase y apellidos.

La franco-chilena Casa Lapostolle, que en 2008 obtuvo el primer lugar de la revista Wine Spectator, con su Clos Apalta (mezcla de Carménère y Cabernet Sauvignon principalmente), se lanza con un proyecto dedicado a poner en el mapa chileno a la Monastrell, histórica variedad del sur de Francia, donde también se la conoce como Mourvèdre. Igualmente, existen esfuerzos por devolverle relevancia a la uva Cariñena (Bodegas RE) y a la Cabernet Franc (Viña Maquis).

En Argentina, en cambio, las mejores salvas continúan dirigidas al Malbec, aunque con nuevas variantes. La mira apunta ahora al concepto de indicaciones geográficas específicas (Altamira, La Consulta, Gualtallari). En este trabajo marchan a la cabeza conocidas casas como Catena Zapata y Zuccardi, aunque también aparecen en escena nuevas marcas como República de Chachingo y Tintonegro. Y no deja de sorprender el Cabernet Franc, al que le auguran años esplendorosos en el próximo futuro. Como gran sorpresa, Mar y Pampa, proyecto de Trapiche en la costa atlántica, donde no había tradición vitivinícola, rompe esquemas con unos fantásticos Pinot Noir, Riesling, Gewürztraminer y Chardonnay.

En California, al igual que en Argentina, los reflectores se enfocan en la legendaria uva Cabernet Sauvignon, especialmente cuando sus vinos proceden del ya prestigioso Valle de Napa. En el primer lugar en la lista de los 100 mejores de Wine Spectator en 2015 lo ocupa Peter Michael, con el Cabernet Sauvignon Au Paradis 2012. Y ojo que en el estado de Washington, fronterizo con Canadá, los cálidos suelos del Valle de Columbia han dado vida a otro excelente Cabernet Sauvignon, como el elaborado por la bodega Quilceda Creek, que ocupa el segundo lugar en esa misma clasificación.

Finalmente, según la Guía Peñín, en la península ibérica debemos volver los ojos al Albariño de Pazo de Señoráns, especialmente el correspondiente a la añada de 2007. Lo mismo aplica a la innovadora bodega Teso la Monja (denominación Toro) y a su Tinta de Toro 2011 (Tempranillo).

Hasta aquí los orígenes más conocidos para nosotros. Queda faltando espacio para hablar de los nuevos aires de Australia, Italia y Portugal. Pero ya sacaremos tiempo para ello.

 

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