Por: José Fernando Isaza

Terror

Esta palabra sintetiza lo que piensa parte del mundo con la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos y con los primeros nombramientos de sus consejeros y secretarios. Puede caracterizarse a Trump como un Álvaro Uribe con potencial uso de armas nucleares.

James Mattis, apodado “perro loco”, ha sido anunciado como secretario de Defensa y Michael Flynn como asesor de seguridad nacional; ambos han participado en las guerras de Irak y Afganistán y su acción prioriza la muerte sobre la diplomacia.

El riesgo de una confrontación nuclear existe. En 1962, con la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, el mundo estuvo al borde de que se iniciara una guerra atómica. En sus memorias, Robert Mcnamara recuerda que en una visita no oficial a Cuba, Fidel Castro le dijo que si el carguero ruso hubiera sido atacado por un torpedo norteamericano, Cuba hubiera lanzado tres misiles nucleares a Nueva York, Washington y Miami. Ante tan significativa revelación, Mcnamara le pregunta si era consiente de que la respuesta de Estados Unidos hubiera sido arrasar la isla; Fidel dice que sí, pero que ese es el precio a pagar para mantener viva la llama del socialismo.

Las tensiones militares con China, Corea del Norte, Irán y Rusia hacen que un escenario apocalíptico tenga probabilidad no nula. En la película de Kubrick ‘Dr. Strangelove’, con un gran sentido del humor negro, se describe un cataclismo nuclear desencadenado por dos jefes de Estado cuyos comportamientos se asemejan a personajes reales.

En Estados Unidos, un presidente puede ser destituido si tiene relaciones, aun consentidas, con una practicante, pero no si inicia una guerra injusta que cause millones de muertes, como ocurrió con Bush en la guerra contra Irak.

Como candidato, Trump recibió información sobre el armamento nuclear de EE. UU. Su comentario fue por qué no se había utilizado en las guerras recientes. No hay “chequeos y balances” en la decisión de un presidente norteamericano para iniciar una guerra nuclear. En los últimos meses de la presidencia de Nixon, circularon rumores que las pruebas de estabilidad psicológica, filtros antes de iniciar la hecatombe, habían sido extremadas, pero mantenía el poder de emplear el arsenal.

A diferencia del pasado, cuando las bombas nucleares eran transportadas por aviones, hoy son lanzadas por cohetes o desde submarinos; esto hace casi imposible reversar la orden de ataque. En el caso de los submarinos, la situación es aun más compleja: el agua de mar, por ser conductora, es mala transmisora de ondas electromagnéticas y por lo tanto no es posible la comunicación desde los centros de control si el submarino está sumergido. Esta es la razón por la cual se usan sonares y no radares en las comunicaciones bajo el agua de mar. El submarino recibe la información por medio de una antena que flota; si hay orden de ataque, baja la antena para no ser fácilmente detectable y se pierde la posibilidad de recibir contraórdenes antes de que se lance el misil.

En la guerra de Corea (1950-1953), cuando las tropas de Corea del Norte se toman Seúl, el general MacArthur propone un ataque atómico contra China. Truman entendió que Rusia contraatacaría con bombas nucleares contra EE. UU. En esos años la URSS y China eran aliados. Truman destituye a MacArthur. ¿Como reaccionaria Trump ante una situación similar?

 

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