“Haremos cercos epidemiológicos en algunos barrios de Cartagena”, Duque sobre la COVID-19

hace 1 hora
Por: Jaime Arocha

Tic-tac y genocidio

De la campaña de Donald Trump y del inicio de su Presidencia dependió que la Comisión Científica de Seguridad adelantara medio minuto el reloj del Fin del Mundo.

(Ver) Fueron determinantes la amenaza de un nuevo armamentismo nuclear y el desdén por el calentamiento global. La metáfora de los científicos atómicos en Estados Unidos tendría su equivalente en los minutos que faltan para que en Colombia volvamos al clímax del genocidio político. A los 100 asesinatos que según Indepaz ocurrieron en 2016, hay que sumarles el de Porfirio Jaramillo, reclamante de tierras en Urabá, el de Emilsen Manyoma, lideresa de derechos humanos en Buenaventura, los de Juan de la Cruz Mosquera y su hijo Moisés, desterrados por la Operación Génesis en 1997, y asesinados en el río Salaquí, donde los paramilitares “tienen una base (...) a pocos kilómetros de la (...) del Ejército”, como informó el 10 de enero Marino Córdoba, presidente de Afrodes, a cuyo hijo los gaitanistas también habrían acuchillado en Belén de Bajirá. La Comisión Intereclesial de Justicia y Paz denuncia que las Autofefensas Gaitanistas de Colombia han puesto sus pintas en Curvaradó, donde amenazan a líderes agrarios, sin que reaccione la fuerza pública. Frenarían el tic-tac las recomendaciones que el Grupo de Académicos e Intelectuales en Defensa del Pacífico Colombiano (Gaidepac) le formula a la Comisión Tripartita para la Verificación del Cese al Fuego Bilateral y Definitivo:

1. Con urgencia, reunirse con representantes de las organizaciones y desarrollar estrategias que les garanticen seguridad a líderes y comunidades con territorios en riesgo por la implementación de los acuerdos de paz.

2. Establecer una Instancia de Alto Nivel que —dentro de los territorios colectivos y ancestrales— vigile y verifique el cumplimiento del Capítulo Étnico o sexto punto del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto, el cual involucra una coordinación por realizarse entre la Comisión Tripartita y las autoridades indígenas y afrocolombianas.

3. Asegurar la participación de los representantes legales de afrodescendientes e indígenas en la Comisión para la Paz y la Defensa de los Derechos Territoriales para que las reformas legislativas que implementan los acuerdos de paz garanticen el reconocimiento de los derechos étnicos y su imprescriptibilidad.

4. Ponerles cortapisas tanto al desarrollo económico a gran escala, como al ilegal que en particular han sustentado la violencia dentro de los territorios étnicos.

5. Con respecto a macro-estrategias como Todos Somos Pazífico, Diamante Pacífico de Indeter, Desarrollo Integral del Pacífico, el Plan Maestro de Buenaventura, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial y planes de ordenamiento territorial, es indispensable que esas iniciativas no se pongan en marcha sin debates con la participación de las organizaciones étnico-territoriales. De otra manera podrían generar más violencia, destierro y daño cultural.

Estas peticiones chocan contra la negativa del Gobierno a reconocer el paramilitarismo, y el silencio de derecha. Así, la desaceleración del minutero parece difícil.

* Miembro fundador, Grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.

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