Por: José Fernando Isaza

Tiempo

La semana pasada tuvo lugar la periódica invitación a Stephen Hawking como conferencista por parte de la Pontificia Academia de Ciencias.

Ha sido huésped en los pontificados de Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco. Hecho inusual para un ateo. En sus palabras: “No hay ningún Dios. La religión cree en los milagros, pero estos son incompatibles con la ciencia”. Si se acepta el milagro, el resultado de un experimento puede no ser repetible, si en ese caso intervino la divinidad. La teoría del “Big Bang” o gran explosión del universo, a partir de un átomo primitivo, fue expuesta por primera vez en 1927 por el sacerdote belga G. Lemaitre, pero ha sido Hawking quien más ha contribuido a su formulación teórica. Para el Vaticano, esta teoría se acomoda al concepto de un Dios creador. Otro aspecto en que hay coincidencia entre Hawking y la doctrina de la Iglesia es el del tiempo. A la pregunta ¿qué había antes del Big Bang?, responde: “carece de sentido, es como preguntar qué hay más al sur del Polo Sur”. San Agustín, a la pregunta ¿qué hacia Dios antes de crear al mundo?, responde: “Es una pregunta disparatada, no puede haber un antes, pues el tiempo fue creado con el mundo”, el tiempo no puede existir sin cambio o movimiento de la materia, antes de la creación no hay materia, por lo tanto no hay tiempo. Hay otra respuesta, tal vez apócrifa: “Antes de la creación, Dios estaba pensando en crear un infierno para quienes hacen este tipo de preguntas”.

Newton postuló que el universo es eterno e inmutable, concepto que dejaba sin mucho oficio al Dios creador. Calculando la trayectoria de los planetas teniendo en cuenta no solo la gravedad del Sol, sino de los otros astros, observó que las órbitas no son cónicas perfectas, tienen formas irregulares. Para evitar líos con la Iglesia, le da un quehacer a la divinidad; de tiempo en tiempo debe ajustar las órbitas de los cuerpos celestes para que sigan trayectorias perfectas.

En el período 1960-1970, Hoyle, Bondi y Gold desarrollaron una teoría cosmológica alternativa a la del “Big Bang”, la creación continua. Un universo eterno en el cual las galaxias se alejan y para mantener constante la masa del universo visible, un campo gravitatorio crea materia. La teoría fue atacada más por razones ideológicas que por razones científicas. Hoyle era un provocador, decía: “En su ansiedad cristiana por evitar la noción de que la muerte es el fin completo de nuestra existencia, sugieren lo que parece una alternativa igualmente horrible… una eternidad frustrante” (citado por Alexis de Greiff). A diferencia de la teoría de la gran explosión, la de la creación continua en un universo eterno no es compatible con la idea de un Dios creador. Teorías recientes de gravedad cuántica muestran que sí es posible la creación de materia en campos gravitatorios muy fuertes, así la creación continua no viola el principio de conservación de la energía.

La expresión “Big Bang” para referirse al comienzo del universo por una explosión no fue acuñada ni por Lemaitre ni por Hawking, sus principales investigadores y promotores. El término lo inventó paradójicamente Hoyle, con un animo peyorativo, empleando el termino Bang no como explosión, sino en el sentido usado coloquialmente en los pubs ingleses —como orgasmo—. Tal vez esto explique por qué la teoría del “Big Bang”, el gran orgasmo, tenga tanta aceptación.

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