Por: Hugo Sabogal

A todo galope

Existen en el mundo del vino pocos casos de éxito que sustentan su notoriedad no sólo en la composición de la bebida, sino, ante todo, en un inigualable plan de promoción y mercadeo que muchos otros nunca consiguen.

En el vecindario americano está, por ejemplo, el caso de Casillero del Diablo, cuyo concepto fue creado fortuitamente hace 133 años por don Melchor de Concha y Toro, quien comenzó a notar que su casillero o cava de vinos recibía visitas nocturnas de almas sedientas que hurtaban sus botellas favoritas. Su estrategia fue regar el rumor de que Satanás habitaba en su cava y que resultaba riesgoso andar por allí. ¡Santo remedio! Hoy, la leyenda le ha ayudado a Casillero a convertirse en la marca chilena más vendida en el mundo.

La firma australiana Casella Family Brands desarrolló el nombre de Yellow Tail para comunicar su remoto origen, sin que la gente necesitara tantas explicaciones. La clave estaba en la ilustración de un amigable canguro de cola amarilla (australiano hasta la médula), que rápidamente conquistó a los compradores estadounidenses. En el primer año de su introducción, Yellow Tail ya vendía más de un millón de unidades.

Volviendo a Chile, un fenómeno similar fue ideado por Viña Valdivieso, empresa que empezó su recorrido en 1879 como pionera de espumosos en Chile y Suramérica.

A mediados de los ochenta, Jorge Coderch Mitjans, uno de sus propietarios, entró en el universo de los vinos tranquilos y diseñó un concepto para mostrarle al mundo que Chile también podía elaborar vinos finos.

Hasta ese momento, la práctica habitual de cualquier bodega era elaborar vinos a partir de las uvas recolectadas en la cosecha del año. Pero a Coderch se le ocurrió echar mano de vinos guardados en la bodega, correspondientes a añadas anteriores. Su fórmula consistió en mezclar un 50 % del vino del mismo año y el 50 % restante de la cosecha anterior. Como la idea era un tanto descabellada, sus colaboradores sugirieron bautizar el proyecto con el apodo de Coderch: Caballo Loco.

Lanzado en 1994, Caballo Loco Único, en vez del año de cosecha, exhibe en la etiqueta un número. El primer ejemplar se identificó como Nº 1. A hoy, han salido al mercado dieciséis versiones que, en su mayoría, contienen una combinación de variedades como Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Carménère, Malbec y Cariñena. La fiebre ha sido tal que los coleccionistas buscan afanosamente armar el portafolio completo, pagando cientos de dólares por botella.

Con Caballo Loco, el paladar vive una experiencia sensorial poco común, pues la mezcla de vinos frescos con vinos añejos abre la puerta a un sinfín de sensaciones, asegurándose así un lugar entre los amantes del vino.

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