Por: Tola y Maruja

Tola y Maruja acompañaron a Fidel Castro en el Bogotazo

Ínclitas misiás,

Soy admirador de Fidel Castro y creo que la Historia lo absorberá. Tengo entendido que ustedes lo conocieron cuando el Bogotazo. ¿Qué cuentan? ¿Es cierto que Fidel tuvo su rollo con Tola? ¿Es verdad que Maruja le aconsejó a Castro que no se dejara la barba porque se veía muy desarreglado y parecía un guerrillero?

Atentamente,

Estalin Pérez

Querido mamertín,

Por su letra vemos que la G le queda como la hoz y la T como el martillo. Efetivamente Tola y yo conocimos a Fidel en Bogotá, cuando los desórdenes del 9 de abril del 48, y nos impresionó su labia.

Que berriondo tan boquisabroso era Fidel Alejandro. A Tola le dijo un piropo que nunca se me olvida: ¡Quien fuera proletario pa ser tu ditador!

En medio de los disturbios de ese día Fidel se parapetó en una mesa y se fajó un discurso sobre la coyontura, pero unos borrachos lo bajaron porque necesitaban la mesa pa alcanzar unas botellas.

Fidel se fue de Colombia muy dececionao con Tola y mi persona porque nos arengó pa que nos tomáramos el poder y nosotras le dijimos que gracias, que solamente nos interesaban los saqueos.

Después le perdimos el rumbo hasta que se volvió el mandacallar de Cuba y se hizo célebre cuando durmió a toda la ONU con un discurso de cuatro horas y media. Cuando la asamblea dispertó, el dinosaurio seguía ahí. Ya viejo peroró siete horas seguidas, aprovechando las ventajas del pañal.

Era muy quebrador y estuvo saliendo con Celia Cruz, pero ella no se lo aguantó. ¡Impotable!, nos contó la guarachera; me hacía visitas de cinco horas sentao en la palabra, y cuando se despedía me decía: Negrita, mañana vuelvo pa que sigamos monologando...

Tola y yo le cogimos inquina porque entrenaba y armaba bandoleros colombianos pa que vinieran a matar, pero cuando lo vimos sacando la lengua pa recibir la hostia de manos de Juan Pablo II lo perdonamos. Lo que es la vida: a Fidel no lo arrodilló el imperialismo sino la Iglesia.

Apenas presintió la pelona nos mandó llamar pa que le lleváramos santos óleos, que allá no hay, y lo encontramos muy chuchumeco y aburrido: Ay, señoras -se quejó mientras le dábamos su colada de moringa-, hasta mi hermano Raúl se contagió del capitalismo: le dije que me embalsamara y me contestó que iba a pedir tres cotizaciones.

Ya viejo no se sentaba en la palabra sino que se acostaba, pero Tola aprovechaba cuando se quedaba sin aire pa preguntale cosas: Oites Fidel ¿vos no te sentís medio dececionao de saber que derrocates a Batista porque convirtió a Cuba en un burdel y vos la llenates de jineteras hambrientas?

Nos dijo, con el hilo de voz que le dejó la verborrea, que su gran satisfación era morir de muerte natural después de más de 600 atentaos que le hicieron los gringos.

El último fue muy cruel: al verme viejo y enfermo la CIA intentó afiliarme a una EPS colombiana...

Yo no me aguanté y en un ataque de tos metí la cucharada: Fidel ¿es cierto que tenés encaletaos más de 900 millones de dólares? Tenía —dijo con desaliento—, pero los metí en Interbolsa...

Su última esposa, Dalita, aprovechó que Fidel estaba en el baño y pudo hablar: Toda mi vida detrás de él limpiando las cenizas del tabaco y ahora me dejará sus cenizas...

Ya pa despedinos, Fidel nos llamó aparte y nos dijo: Señoras, el socialismo es una idea romántica que se estrella contra la condición humana...Y se le chocolatiaron los ojos.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: Tal vez Fidel Castro quiso ser un ditador bueno pero ditadores buenos no hay.

Payola: Últimas funciones en el tiatro Fanny Mikey...Piensen que tal vez no les duremos tanto como Fidel.

 

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