Por: Patricia Lara Salive

¡Tremenda responsabilidad, senador Uribe!

A pesar de que se ha insistido en que el encuentro entre el presidente Santos y el expresidente Uribe en presencia del papa no sirvió para nada, porque al salir del Vaticano las posiciones de ambos permanecieron inmodificables, no todo se ha dicho sobre el significado de esa cumbre, conseguida gracias a la gestión del nuevo procurador, Fernando Carrillo.

Por ejemplo, no se ha analizado, como me informaron fuentes allegadas al Vaticano, que de ese encuentro en Roma “se deriva un compromiso de paz política, diálogo y concordia, cuyo garante es el papa, y que si ese ambiente de paz política no se afianza, el sumo pontífice nunca vendría a Colombia en el 2017”.

Es decir, que su santidad no va a aterrizar el año entrante en medio de la gazapera entre Santos y Uribe. Entonces, su visita al país ya no depende, como antes, de que las Farc firmen la paz, sino de que Uribe se comporte bien, de que no le dé por decirle a Santos “le pego en la cara, m…”, y cosas de esas, y de que Santos no ceda a la tentación de sacarle la piedra a su antecesor.

Para Uribe tiene que significar un peso enorme saber que de su comportamiento depende que el papa nos visite, en especial porque, por una parte, él es pendenciero y, por otra, es un católico ferviente: ¡por algo se arrodilló ante el pontífice y le pidió que le bendijera un rosario que llevaba consigo! De manera que es indudable que sí impacta la conciencia de Uribe el que sienta que su santidad está observando sus actuaciones como opositor al Acuerdo de Paz en Colombia.

Pero el gran problema es que ahora sí el alma del expresidente se encuentra ante una verdadera encrucijada: aceptar que el acuerdo con las Farc ya es un hecho, que dejaron de existir como grupo armado y que tiene que cambiar de chip y encontrar otro tema para liderar la oposición, o seguir obsesionado con ese asunto —el de la necesidad de ganarles la guerra a las Farc—, el cual le dio muy buenos réditos políticos, pero ya no le funciona porque se volvió obsoleto, en la medida en que esa guerra se acabó.

Y si ustedes no lo creen, miren este comentario que me hizo mi médico:

—¿Sabe cómo se entiende lo que está pasando? —me dijo—. Mirando lo que sucede en el Hospital Militar. Antes, el servicio de urgencias estaba atestado de soldados heridos, sin piernas, sin brazos. Ahora no hay un alma allá. ¡Asustan!

Ante esas realidades positivas de la ausencia de guerra, que cada vez serán más visibles, a Uribe le va a tocar dejar su obsesión con “la Far” y encontrar otros argumentos que sacudan al país: por ejemplo, cómo volver eficiente al Estado o cómo hacer que las promesas de campaña se cumplan.

Sin embargo, a la larga, no es sino que Uribe retome uno de los lemas de su primera campaña: el de la necesidad de acabar con la corrupción y la politiquería. Y que insista en que gracias a su política de seguridad democrática se logró acabar con “la Far”.

***

¡Feliz Navidad, queridos lectores! Y a quienes estén buscando qué regalar, les recomiendo dos libros de colegas: ¡Cuidado con lo que dice!, volumen que recopila las mejores entrevistas de Yamid Amat, y El galeón San José y otros tesoros, de Nelson Fredy Padilla, una crónica investigativa salpicada de referencias literarias, sobre las historias increíbles que hay detrás del hundimiento y la búsqueda de ese galeón cargado de tesoros.

¡Que disfruten las fiestas!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

 

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