Por: Weildler Guerra

Tributándole a Zongla

El mundo parece hoy bruscamente alterado por los últimos acontecimientos políticos.

Los ciudadanos de grandes y pequeños países parecen comportarse de una manera irracional y autodestructiva poniendo en peligro no sólo el entorno físico, sino también los acuerdos sociales que creíamos consolidados desde hace más de dos siglos. La incertidumbre colectiva invade vigorosamente el patio de nuestras certezas. Hoy tenemos la sensación de que la estupidez humana, cuando se manifiesta colectivamente, es la más devastadora de las fuerzas existentes en el universo. Ello me hace recordar la historia de Zongla, que me contó hace varios años el mama Antonio Pinto, una autoridad tradicional del pueblo wiwa que habita la Sierra Nevada de Santa Marta: 

Zongla es un punto geográfico en la línea negra o de origen que trazan varios pueblos indígenas de la Sierra. Esta línea sagrada tiene varios puntos donde se realizan rituales de pagamento. Cada uno de estos lugares presenta sus propias características físicas y potencialidades, cuyos usos para la vida provienen de un antiguo orden. En la margen izquierda de la desembocadura del río Ranchería se encuentra Zongla. El nombre del sitio se deriva de un poderoso ser mitológico que, siguiendo la tradición oral wiwa, existió en tiempos extraordinarios, antes de la aparición de los seres humanos. Este se manifiesta hoy por medio de fulgurantes relámpagos que van de las tierras bajas hacia las partes altas de la Sierra Nevada. Se le considera una entidad negativa cuyo relámpago es rodeado de un halo verdoso.

En Zongla se realizan rituales de pagamento dirigidos a evitar que surjan eventos naturales catastróficos, como movimientos sísmicos, inundaciones y tormentas tropicales. Dado que los wiwa establecen frecuentes asociaciones entre lo que consideran alteraciones naturales y desórdenes sociales, también consideran que allí se origina la violencia generada por grupos armados, como agrupaciones guerrilleras y paramilitares. Entonces, si alguien le ofrenda hojas verdes o un elemento lleno de vitalidad, aumentará la posibilidad de que sobrevengan tragedias y calamidades. Por ello a Zongla no se le dan tributos de valor, se le ofrendan hojas marchitas y pequeñas basuras para que su fuerza no aumente y se debilite. De esta manera se le conserva bajo control mediante el ritual.

Las historias que se encuentran detrás de lugares como Zongla, así como las experiencias de los grupos e individuos que interactúan con ellos, ayudan a los indígenas wiwa a conceptualizar su universo espacial y constituyen una base importante para el desarrollo de su personalidad y explicación del mundo.

En contraste, parece haber pocas explicaciones para examinar los recientes y desconcertantes sucesos ocurridos en Gran Bretaña, Colombia y Estados Unidos con mecanismos de decisión que llamamos democráticos. Todo indica que salimos a un mundo gobernado por cínicos jinetes de la demagogia, dispuestos a manipular a la mayoría con la plataforma de la mentira planificada y el resentimiento. Quizás tenga razón Antonio Pinto, quien está convencido de que por medio de la acción humana hemos venido tributando a Zongla y revitalizando su energía destructora.

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