Por: Gonzalo Hernández

Triunfalismo del consenso

Resulta ahora que lo mejor que nos pudo haber pasado fue la victoria del No. No exageremos.

La decisión de casi 6 millones y medio de colombianos en el plebiscito ha sido aceptada y comprendida. Pero no pongamos todas las energías en celebrar la oportunidad de tener un acuerdo democrático que podría convocar las fuerzas políticas de la nación. El lento desenlace del enredo con los acuerdos debe mantener nuestra preocupación en el máximo nivel.

No confundamos la tensa calma de los últimos días con la bomba de tiempo que la dilación de este proceso está creando.  Cientos de guerrilleros están en las zonas de concentración esperando. Y así como los resultados de la negociación se dieron con la cohesión mayoritaria del grupo guerrillero, el riesgo de que esa cohesión se fracture aumenta con la actual incertidumbre política.

Mientras tanto, es preocupante ver al presidente de malabarista o, si prefieren, de ajedrecista en partidas simultáneas: contra la oposición, contra la opinión pública, contra miembros de su propio Gobierno que ven muy cerca la carrera presidencial del 2018. Todo al mismo tiempo. Todo acentuado por el revés del 2 de octubre.

Ya vimos que las consecuencias políticas del plebiscito eran inexorables, y que unos pocos se adjudicaron la insatisfacción de los que votaron No y la indiferencia de los abstencionistas. No está claro aún, sin embargo, que su contribución sea lo esperado por estos colombianos. Sí se perfilan en cambio los intereses electorales.

Por eso no es conveniente pasar del triunfalismo del Sí al triunfalismo del consenso. No más de “perder es ganar un poco” con este asunto. Tenemos que defender el acuerdo y apoyar al Gobierno con su iniciativa más importante, sin ingenuidad, sin pretender que el respaldo a los acuerdos va por un lado y la aprobación del Gobierno por otro.

Si queremos el acuerdo, tenemos que estar del lado del Gobierno y de su equipo negociador, hacer que la oposición asuma buena parte del costo de la dilación, y castigar políticamente a quiénes juegan “gana” con el acuerdo y “gana” con el desacuerdo. Así, a la oposición le será más costoso esperar y le será más beneficioso presentarse y consolidarse como un actor de paz, no en abstracto, sino en lo práctico.

Es cierto que la paz es un bien supremo que está por encima de los gobiernos, pero este es el Gobierno que hoy la representa con realismo, que se la jugó siempre por un acuerdo político, y que representa a los que ven en la paz una oportunidad y no una amenaza.

Claro, ¡que el gobierno se ayude también! ¿En qué piensan cuando tratan de pasar una reforma tributaria cuya carga recae principalmente en la clase media? ¿Cuándo piensan mostrar un plan concreto para el componente económico más importante de los acuerdos (la reforma rural integral)?    

Se empieza a ver la luz al final del túnel, dicen. Cuidado, puede ser el tren.

Coletilla. Alegría y orgullo: los estudiantes de la Carrera de Economía de la Universidad Javeriana ganaron el fin de semana pasado el Concurso Académico Nacional de Economía. Este concurso es organizado por la Universidad del Rosario en honor al economista Manuel Ramírez, y cada año el Banco de la República organiza una ceremonia especial de premiación para los mejores. La competencia, que cubre las áreas de Macroeconomía, Microeconomía, Econometría, e Historia y Pensamiento Económico, es sin duda la más exigente para los estudiantes de economía del país ¡Felicitaciones Javerianos por el primer lugar!

El autor es Profesor Asociado y Director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana

 

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