Por: Armando Montenegro

Trump, la economía y los impuestos

La turbulencia desatada por la elección de Donald Trump, precisamente cuando se observan algunos síntomas de desaceleración económica, hace que, más que nunca, sea necesaria la aprobación de la reforma tributaria a consideración del Congreso.

En los últimos meses de este año y a comienzos del entrante, la economía estará creciendo a una tasa inferior al 2% anual. Entre las noticias preocupantes se encuentra el escaso incremento de la cartera bancaria, especialmente la comercial; las declinantes tasas de expansión de algunos agregados monetarios; crecimientos negativos de la demanda de energía, despachos de cemento y ventas al por menor; la contracción de las importaciones de bienes de capital y algunas variables de la construcción. Y los últimos datos del indicador mensual de producción económica, ISE, del Dane, muestran tasas de crecimiento muy bajas, pero positivas, en julio y agosto.

En contra de estos indicadores adversos, las cifras más recientes de empleo, las de octubre, no muestran, en conjunto, un deterioro y, por el contrario, confirman el hecho de que se mantiene cierto dinamismo en algunos sectores.

En medio de este panorama se han presentado los efectos de la elección de Trump, que ha causado agitación y volatilidad en los países emergentes. Se depreciaron las monedas, se desvalorizaron los títulos de deuda y cayó el precio del petróleo. En Colombia, el valor del dólar se acerca a los $3.200 y se elevaron las tasas de los TES. La incertidumbre, en estas circunstancias, hará que se aplacen algunos proyectos de inversión, un fenómeno que contribuirá a acentuar la lenta expansión económica en los próximos meses.

¿Cómo juega en todo esto la reforma tributaria? En contra de lo que piensan quienes se limitan a analizar su impacto de corto plazo sobre la demanda, esta iniciativa es fundamental para que el país pueda recuperar sus tasas de crecimiento en los próximos años. La certidumbre de que las cuentas fiscales se mantendrán dentro de los parámetros permitidos por la regla fiscal asegurará que Colombia no pierda el grado de inversión otorgado por las agencias calificadoras de riesgo. Así, el país podrá mantener su acceso a la financiación externa, a menores tasas de interés, una condición esencial para dinamizar la inversión y el crecimiento.

La necesidad de la reforma es todavía más evidente después del triunfo de Trump. En medio de un ambiente de acentuada desconfianza hacia las economías emergentes, es imperativo que Colombia demuestre que su situación fiscal y la sostenibilidad de su deuda están bajo control y que, por lo tanto, puede seguir siendo objeto de la confianza de los inversionistas. De otra forma, tanto el crecimiento como otras variables macroeconómicas se verán seriamente afectados en los próximos años.

La aprobación de la reforma tributaria es, además, uno de los prerrequisitos para que se pueda producir una ordenada reducción de las tasas de interés en 2017, por supuesto, siempre y cuando las cifras de inflación den señales firmes de que apuntan hacia las metas del Emisor (sin embargo, la crítica experiencia de México, un país en la mira de las agresivas políticas de Trump, muestra que la orientación de la política monetaria puede verse limitada por la necesidad de contrarrestar el impacto de las turbulencias de los mercados internacionales).

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