Por: Rafael Orduz

Trump, Le Pen, Petri, etc.

Trump, con su melena dorada y la piel roja parece un personaje de Roger Rabitt, caricatura de la exageración. Lo siniestro, sin embargo, son las huestes de seguidores sinceros, gente de carne y hueso en todo el mundo, de sus tesis de intolerancia.

A las acusaciones de acoso sexual de parte suya responde algo así como: ¿Cómo se le ocurre que yo me fije en usted si es tan fea? La imitación de las dificultades de expresión de un periodista; su burla de los padres de un oficial de los EE. UU., musulmán, muerto en Irak; los trinos a las tres de la mañana en contra de la ex miss Universo, Alicia Machado; la promesa de encarcelamiento a su advesaria Clinton; la insistencia, hasta hace pocas semanas, en la duda de que Obama fuese nacido en los Estados Unidos; el fraude en las elecciones en caso de que él perdiera... En fin, misoginia, racismo, intolerancia, irrespeto por las reglas de juego, expresados, sin pudor alguno, en formas extremas.

Sin embargo, triunfó (aunque Hillary ganó el voto popular por cerca de dos millones de votos) porque decenas de millones de votantes, así parezca personaje de tira cómica, están de acuerdo con él. Y, en Europa, políticos y sus seguidores franceses, alemanes, holandeses, británicos, se frotan las manos de la alegría por su ascenso.

Más que la perspectiva del éxito en política, es decir, triunfar en las elecciones, lo que produce euforia en amplios sectores europeos es el permiso, que legitima la elección de Trump, de superar los eufemismos y vilipendiar, de frente, a quienes no forman parte, según ellos, de la patria. Su infinita miopía los lleva a desconocer que la riqueza de sus naciones radica, precisamente, en la diversidad.

En Alemania, país en el que la Constitución se diseñó, por obvias razones, para impedir cualquier resurgimiento del populismo y el fascismo, han surgido, con éxito, movimientos de extrema derecha, radiantes hoy con Trump. Uno de ellos, Alternativa por Alemania, AfD, liderado por Frauke Petri, doctorada en química, de 41 años, ya está presente en diez parlamentos regionales, incluyendo Berlín, y también en el parlamento europeo. Éxitos logrados en menos de tres años, al compás de las protestas por el ingreso de refugiados sirios. Y, más allá, una pretensión: revisar en los currículos la forma de contar la historia de la patria, suprimir la referencias al holocausto, revivir la épica alemana. El Islam no puede tener cabida en Alemania.

“Los americanos se decidieron por un nuevo comienzo, en contra de la corrupción. Es una oportunidad histórica...” trinó Petri. No lejos, Marine le Pen, la líder de la extrema derecha francesa, corroboraba: la victoria de Trump es el principio de un nuevo mundo.

Por estas latitudes no escampa. Agresivos intolerantes sienten que llegó, de nuevo, su cuarto de hora. No hay de otra que oponerse, con respeto, a cualquier pretensión de intolerancia. Colombia es rica y poderosa por su diversidad.

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