Por: Columna del lector

Trump, ¿trampa de la equidad y el bienestar?

Aunque los mercados a la baja anunciaban que la pesadilla americana se prolongaría si Donald Trump era ungido presidente, y lo logró contra todo pronóstico, ahora le creen a su don de hacer milagros económicos.

Por Germán Vargas G.

No sorprende esa variabilidad, porque en el pasado demostraron que reaccionan de manera irracional, o corruptible, aunque se justifiquen con soberbia. Axiomas como el valor hipotético a futuro y la deuda como fuente de financiación más barata, son evidencia de falacias que alimentaron pecados por capitales en la Gran Manzana —como el desmedido apetito por el éxito instantáneo y desechable (trimestral) o la avaricia “sociodegradable” (i.e. hipotecas basura)—, en detrimento de los indignados ciudadanos (“Occupy”) que pagaron a cuotas los rescates del sector financiero.

Por el contrario, desconcierta la receptividad de la OECD ante las ideas de estímulo de Trump (Global Economic Outlook, 11/2016), pues parecen contradictorias (keynesianismo/neoliberalismo), imprecisas (déficit y deuda), inciertas (no detalla cómo financiará los proyectos de infraestructura) o confusas (proteccionismo).

No obstante, el enfoque de la OECD sugiere la necesidad de explorar alternativas que contrasten las recetas tradicionales (política monetaria y austeridad), que se agotaron y fracasaron sin controlar daños ni superar la “trampa del bajo crecimiento”.

Quién sabe, ahora que las condiciones normales son anomalías, quizá el arriesgado outsider haga un milagro que restaure el devaluado e indefinidamente diferido sueño americano, porque, según Pew Research Center, el crecimiento económico es el más débil desde la Segunda Guerra Mundial, la clase media representa menos de la mitad poblacional, y EE.UU. pertenece al decil con mayor Gini de la OECD (Gini, poverty & income, IDD, 11/2016).

Transigiendo ese escenario, es posible construir dos interpretaciones. La primera apela a la narrativa resiliente y optimista, La épica de América (J. Adams), para evocar aquel sueño americano que, inspirado en el derecho a buscar la felicidad, describía un país con oportunidades ilimitadas, consecuentes con las ambiciones y los esfuerzos de cada individuo.

Como réplica, Bertrand Russell (matemático, lógico, filósofo y nobel de Literatura), en La conquista de la felicidad, caracterizó a quienes aspiraban a vivir aquel sueño, como símbolo de agobio, insatisfacción y desgaste: ese era el precio que debían pagar, el costo de la vida de clase media. Note que esta disonancia cognitiva anticipaba la actual paradoja del bienestar y la prosperidad.

La segunda interpretación recuerda que fueron los republicanos quienes apostaron aquel sueño, en el juego del libre comercio y la desregulación, y lo perdieron. De hecho cedieron, como garantía, el control de las medidas que permitían conjurar las asimetrías y compensar a los perdedores, arrastrando a la mayoría de la población hacia un destino regresivo.

Entretanto el mito de la “Nueva Economía” continúa subordinando la humanidad a la razón econométrica.

El tiempo dirá si los poderes sobrenaturales de Trump vencen a las invisibles fuerzas del mercado, restaurando el crecimiento, la equidad y el bienestar.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columna del lector