Por: Salomón Kalmanovitz

Trump y la economía

Es improbable que Trump cumpla todas sus promesas electorales. Causaría una crisis económica y el colapso del orden político internacional. Trump es un hombre de negocios que utiliza el cálculo racional para tomar decisiones, que pueden ser impropias e inmorales, pero no suicidas.

Su compromiso de reducir impuestos por US$10 billones en una década, al mismo tiempo que aumenta el gasto público en infraestructura y en sus fuerzas armadas, crearían la necesidad de un aumento sin precedentes de la deuda pública que ya ronda 90% del PIB norteamericano, nivel duramente criticado por el Partido Republicano, haciéndola, ahora sí, insostenible. No se puede obviamente reducir el ingreso y aumentar el gasto, a menos de que se incumpla el refrán norteamericano que dice “no hay almuerzo gratis”.

Es seguro que Trump enterrará el tratado de libre comercio del Atlántico (el TPP) que Clinton repudió también, pero es menos probable que desmantele el NAFTA con México y Canadá porque está montado sobre complejas interrelaciones entre las tres economías y todas se verían perjudicadas con una caída de la productividad e ingresos; por ejemplo, las tres grandes empresas del sector automotriz norteamericano tienen plantas en México y dependen de partes y diseños elaborados en Estados Unidos. De todas maneras, le pegará un pellizco al tratado para contentar a su base obrera, arrancará a construir el muro en la frontera con México y deportará un millón de inmigrantes indocumentados, pero no a los 12 millones que amenazó.

Con China es improbable que Trump cumpla su amenaza de castigarla con una tarifa especial de 45%, porque los aranceles dirigidos a un país están prohibidos por la Organización Mundial del Comercio, pero también porque los chinos podrían retaliar, retirando las inversiones de empresas chinas en Estados Unidos. Además le podría hacer mucho daño a los miles de inversionistas norteamericanos en China y al propio tesoro americano, si deciden liquidar los billones de dólares en bonos que guarda en sus arcas.

Según el agudo comentarista Nouriel Rubini, “una vez instalado como presidente, Trump le tirará carne roja a sus seguidores de manera simbólica, al tiempo que acogerá las políticas económicas tradicionales de incentivar la oferta y de ofrecer las migajas del crecimiento a los pobres que han implementado los republicanos por mucho tiempo”. De esta manera, posiblemente acogerá el recorte de impuestos que ha planteado Paul Ryan, el líder del partido en el Congreso, por US$2 billones, una quinta parte de su estrambótica promesa, pero que de todas maneras pone en riesgo los equilibrios macroeconómicos del gran país del norte.

De manera similar, Trump no podrá acabar con el programa de Obama de aseguramiento médico para mas de 20 millones de ciudadanos pues el Partido Republicano tendría que asumir el costo político y de todas maneras la minoría demócrata en el Senado podrá obstaculizar tan mezquina decisión. En política monetaria, Trump buscará halcones para la Reserva Federal que suban las tasas de interés, lo que fortalecerá el dólar.

Europa y la OTAN están seriamente amenazadas por la posible alianza de Trump con Putin. Con respecto a Cuba, puede que el interés personal del magnate lo haga continuar el deshielo iniciado por Obama, en la medida en que pueda construir hoteles y casinos en la isla, mientras que sólo los más recalcitrantes republicanos pretenden devolver la hoja de la historia.

 

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