Por: Andrés Hoyos

Trumpismo a la colombiana

Un nuevo fantasma recorre la política mundial, el trumpismo, que promete ser plaga durante algunos años.

Es una forma de populismo que consiste en decir no ya una que otra mentira por razones de conveniencia, sino en recurrir a una mitomanía organizada, con la idea de que la mayoría de los votantes son tontos, perezosos o ambas cosas a la vez. Por fortuna, tras el éxito inicial del trumpismo en Estados Unidos, ahora el candidato republicano parece estarse dirigiendo a una debacle electoral en noviembre. Este desenlace, que obviamente no se puede garantizar, deberá sentar un precedente.

En contraste, el trumpismo causó graves estragos en Inglaterra. Ahora se sabe que la promesa más eficaz de los partidarios del Brexit, según la cual salir de la Unión Europea agregaría 350 millones de libras semanales al Sistema Nacional de Salud, era una vil patraña. Ganada la elección, Farage y Johnson dijeron que prometer eso había sido una idea loca de algún loco, idea loca que, sin embargo, fue esencial a la hora de ganar la elección entre los mayores de 50 años. Acto seguido el par de sonrientes dinosaurios se lavaron las manitas.

El principal representante del trumpismo en Colombia, aunque desde luego que no el único, es un hombre canoso, más bajito que el candidato gringo. Inteligente, discursivo, belicoso y mandón, profiere falsedades comprobadas, salpicadas de tal cual verdad, con una convicción semejante a la del empresario gringo. Dice que se quiere curar de “la enfermedad de dormir”, cuando en realidad de lo que se quiere curar es de la enfermedad de decir la verdad, porque sus posibilidades de éxito dependen de su grado de descaro.

Las mentiras proferidas por el Centro Democrático en los últimos tiempos son muchísimas, si bien las que ahora nos incumben son las relativas al plebiscito por la paz. El voto por el No, según algunas encuestas, será alto e incluso podría ganar. Claro que es legítimo votar No en un proceso como este; lo que es ilegítimo es propagar falsedades para engañar a los ciudadanos que deben tomar tan trascendental decisión.

Ya mucha gente ha detallado las mentiras de la campaña por el No. Que habrá soldados cubanos armados recorriendo el país, que se negociará con las Farc la institucionalidad de la Fuerza Pública, que hay un oscuro complot para cogobernar el país con la guerrilla, etcétera. Lo peor de estas mentiras es que prometen arreciar en la campaña que viene, despeñando al país por una sucia espiral de mendacidad, pues muchos partidarios del Sí no se van a quedar de brazos cruzados.

De la sigla Farc la segunda letra, la a, es la fundamental: “armadas”. Si dejan de estarlo pueden seguir siendo fuerzas, electorales, pueden seguir siendo revolucionarias, pero no violentas, y pueden seguir siendo “de Colombia”, así representen un lado muy indeseable de la nacionalidad. De firmarse el acuerdo, las Farc estarán armadas por un breve tiempo adicional, solo que en lugares apartados de los que no podrán salir. Apenas un pequeño contingente desarmado podrá recorrer el país. No sobra recordar que hoy las Farc están armadas, como lo han estado desde 1964 y como seguirían estándolo de fracasar el proceso de paz. De modo que el escándalo que forman al respecto los amigos del No es fariseísmo puro.

En fin, nos vamos a disputar nada menos que el destino del país. Así que, con la venia de los lectores, habrá que volver sobre el tema de aquí a que llegue el día de la votación.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

 

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