Por: Catalina Uribe

Uber y el cinismo del Gobierno

Desde que apareció el decreto sobre taxis de lujo que supuestamente soluciona los problemas de Uber vs. taxis, seguimos viendo videos de conductores de uno y otro bando enfrentándose a golpes.

Taxistas y uberistas toman justicia en mano propia pues consideran que la regulación les viola sus derechos, bien sea a la competencia leal, al trabajo o a la seguridad.

Pero estos comportamientos barbáricos no son lo único alarmante: el cinismo del Gobierno anda desbocado. Esta semana Uber confirmó que empezará a recibir pagos en efectivo. Distintos medios analizaron cómo será el uso de esta forma de pago. Sin embargo, muy tranquilamente, Jorge Eduardo Rojas, ministro de Transporte, comentó: “Yo nunca he hablado de Uber, ni lo voy a hacer… si no es una empresa de transporte no puede cobrar ni en efectivo, ni con tarjeta, ni nada, es ilegal”.

Si, como afirma el ministro, Uber sigue siendo ilegal, ¿cómo es posible que podamos acceder con tanta facilidad a su comunicado sobre el pago en efectivo? ¿No es esto equivalente a acceder a través de medios nacionales a las formas de pago de sustancias ilegales? ¿Qué tan ilegal puede ser un comportamiento que, en la práctica, la gran mayoría considera legal?

Hay un sentido en que las leyes tienen que imponer orden y norte, pero otro en el que el orden y el norte lo dan las prácticas. La acogida de Uber muestra que esta empresa ni siquiera entró a competir, sino a llenar un vacío. La gente por lo general considera que está bien que la traten bien. Los taxistas, en su mayoría, tratan mal. La noción ética básica del cuidado por el otro hace que la gente no ligue que puede ser ilegal algo que, como Uber, genera bienestar.

Si no es Uber, luego llegará Lyft, Didi o alguna otra empresa más. Es tonto pretender atajar el futuro, pero más tonto es pretender, como lo quiere sugerir el ministro, que el Gobierno ha logrado mantener su autoridad. Hace tiempo que el transporte público se salió de las manos. Unos nuevos privados han llegado a auxiliar al Estado. Es mejor recibir y regular efectivamente su ayuda que seguir pretendiendo que la situación está bajo control.

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