Por: Gonzalo Silva Rivas

Un aguacero encima

Los problemas meteorológicos, tan comunes en buena parte de este país tropical, son asunto menor dentro del caos que enreda a nuestros aeropuertos, pero advierten sobre la necesidad de ponerle orden al espacio aéreo.

Un desafío que está pendiente de solución y que implica, entre otras tareas, rediseñar parámetros operacionales, adelantar infraestructura aeronáutica y aeroportuaria, mejorar procesos de planeación y fortalecer el área misional de la Aerocivil.

La congestión que se vive por estas épocas, particularmente la de proporciones descomunales que se presentó en días recientes, con decenas de vuelos cancelados e innumerables retrasos en la operación, encuentra campo abonado en la concurrencia de dichos factores, susceptibles de gerencia, manejo y control.

El colapso aéreo registrado hace una semana se extendió en gran medida por las condiciones actuales de los principales terminales del país, unos sometidos a obras de infraestructura y mantenimiento, y otros con fallas recurrentes en los sistemas de iluminación de pista. Dentro de la larga lista de terminales intervenidos o restringidos, hoy en día se encuentran los de Bogotá, Cali, Medellín San Andrés, Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Pereira, Cúcuta y Montería. 

En Eldorado, donde se moviliza el mayor volumen de carga en América Latina, y el tercero de pasajeros, la planeación falló otra vez, al programarse la intervención simultánea de sus dos únicas pistas, ad portas de la más concurrida temporada vacacional de fin de año. En la Norte -que además tiene horario restringido- se comenzaron a adelantar trabajos de reparación y mantenimiento que hubieran podido realizarse meses atrás, y en la Sur, se procedió a reemplazar un defectuoso pero recién instalado sistema de luces LED de última generación. En medio de las limitaciones, una aeronave carguera de Aircaribe sufrió el estallido de una de sus llantas y durante nueve diez permaneció inmovilizada en la pista Sur por la falta de equipos adecuados que facilitaran su rápida remoción hacia zonas de seguridad.

En el desorden operación también incide -con lluvia o sin ella- la insuficiencia de personal para atender el elevado número de tripulaciones que arriba en épocas de alto movimiento, particularmente en Eldorado, donde se alcanza a tocar el techo de 90 vuelos por hora. La poca disponibilidad de cuadrillas para recibir aviones, de operarios de soporte técnico, de oficiales de información aeronáutica e incluso de bomberos, congestionan los aeropuertos en horarios críticos, y son los pasajeros quienes pasan las duras y las maduras en este río revuelto de intereses e improvisaciones en el que autoridades y aerolíneas se cruzan responsabilidades. 

De un estimado de 780 controladores aéreos, que como mínimo se necesitaría para atender la demanda y organizar las operaciones aéreas en los 47 aeropuertos que maneja la Aerocivil, solo hay una planta de 640 funcionarios, con el agravante de que un considerable porcentaje se encuentra en etapa pensional o cercano a ella, sin que hasta ahora se haya implementado una estrategia formal para ingresar y capacitar al personal de relevo, que requiere de larga y cuidadosa preparación.

En los últimos años, Colombia dio un salto en el desarrollo de su infraestructura tecnológica, tras tantas décadas sumida en la precariedad, pero es largo el camino por recorrer para minimizar riesgos y satisfacer la creciente demanda de operaciones aéreas. En los problemas del sector, el factor tecnológico pesa menos que antes. Las principales preocupaciones se centran en los rezagos normativos, de investigación, dotación, desarrollo y factor humano. La moderna torre de control de Eldorado no pasará de ser un adorno mientras no se le instalen los nuevos equipos y se definan parámetros operacionales que les permitan a los aviones realizar procedimientos en paralelo para aproximarse y desplazarse de manera simultánea por las dos pistas existentes, a fin de darle eficiencia el flamante terminal.

La aviación se transformó en una actividad compleja y difícil, pero rentable. Absorbió pasajeros pobres y ricos e impulsó un salto triple en la demanda. Y Colombia es uno de los países con mayores tasas de desarrollo dentro del mercado. Mantener el buen negocio y sacarle dividendos implicará planear e invertir de manera programada -tanto en infraestructura aeronáutica y aeroportuaria, como en personal- para evitar que se nos agüe, cada vez que se nos viene un aguacero encima.

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@Gsilvar5

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