Por: Cecilia Orozco Tascón

“Un camino sin más muertos”

Amenazando con que será "un choque contra el fraude”, el bocón José Obdulio Gaviria confirmó que el uribismo hará campaña por el no al plebiscito de refrendación de la paz.

No es noticia: se sabe que ese grupo radical —que suele ver en la tolerancia un delito— vive políticamente de la confrontación, tanto mejor si es armada. Y que sin ella agonizaría el liderazgo engañoso de su ídolo, el expresidente senador cuya imagen se ha construido sobre los símbolos del machismo paisa que no solo reduce a  espacios secundarios a sus seguidoras —aún a las distinguidas por él—, sino que estigmatiza a los hombres que promueven respuestas diferentes a la muerte o a la humillación del otro. En tiempos de civilización el uribismo es troglodita, pero ha encontrado campo fértil en Colombia donde estamos lejos de alcanzar el nivel cultural necesario para rechazar, masivamente, agresiones similares a la que sufrió Antonio Navarro en una avenida de Medellín el día en que este senador, en uso legítimo de la libertad que le garantiza la Constitución, promovía el voto por el sí: un sujeto sin identificarse la tomó a gritos contra Navarro echándolo del sitio como si la calle no fuera un espacio público en que el congresista o cualquier otro ciudadano pudiera expresar  respetuosamente su posición.

Lejos de censurar la conducta del individuo —quien después fue descubierto por Blu Radio como un reservista militar, adorador de Uribe—, el autodenominado Centro Democrático guardó silencio complaciente y J.O. Gaviria hasta se solazó con el incidente, a juzgar por el relato de El Tiempo, pues añadió a la frase del “choque contra el fraude”, que muchos más episodios como este se van a presentar. ¿Nos amenaza con grupos, precisamente, de “choque”? Entre otras cosas, el calificativo de “fraude” es, en sí mismo, un fraude de JOG que pinta al gobierno al que perteneció, caracterizado por criminalizar todo cuanto no se sometía a sus sectarismos. Por fortuna, en esta misma tierra han nacido personajes de gran estatura académica que, lejos del populista mensaje uribista, siembran semillas de convivencia sin ocultar la violencia de los extremistas de la izquierda, de la ultraderecha ilegal y también la que amparó el Estado.

Retomo apartes de un escrito formidable publicado en la revista Arcadia por el intelectual Gonzalo Sánchez, director del Centro de Memoria Histórica, cuyo título “Un camino sin más muertos” señala, de entrada, la óptica superior de un país que es capaz de mirar, sin miedo, a sus fantasmas: “cuando las élites empezaron a enfrentar la Violencia quisieron resolverla a costo cero. Partían arrogantemente del supuesto de una escasa capacidad de proyección armada o política de unas guerrillas de origen y composición campesina… buena parte del mundo político y de la sociedad confiaron, e incluso aún confían, en la capacidad de acabar la guerra con más guerra. Y tienen audiencia… Esta ha sido para muchos… una guerra con la que ha sido posible convivir en relativa tranquilidad. Pese a la enorme cantidad de víctimas, ha sido vivida como una guerra ajena, distante de los centros de poder político y económico… lejana socialmente para los habitantes de las ciudades… Dada su espacialidad periférica y su inusual longevidad, se produjo un acostumbramiento perverso con la guerra: si a la economía no le iba mal, o no demasiado mal, qué importaba que el país siguiera desangrándose… Lo que se abre camino con la paz negociada es una posibilidad de ampliación de la democracia a la que muchos temen… Ahora bien, de lo que no se han percatado es que esa transformación ya no recae en el poder de las armas, sino en el de las urnas. Ese poder ya no recaerá en la fortaleza de los ejércitos, sino en la creatividad de toda la sociedad”.

Entre paréntesis.- José Obdulio Gaviria, quien además funge como juez de Pretelt y quien se burló cruelmente de la presunta ignorancia gramatical y ortográfica del investigador del togado, escribió la siguiente perla: “(dicho representante) antes de dictar el auto que «abocó» la investigación contra un magistrado…” (ver foto). No existe un abogado —y JOG se precia de serlo— que escriba “abocar” por “avocar”. El pez muere por la boca, bocón.

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