Por: Aldo Civico

Un chamán para la paz

En este momento histórico para la paz, sueño que entre los colombianos aparezca un chamán capaz de infundir claridad y coraje.

Sueño con un chamán que de forma gentil y persuasiva invite a sus conciudadanos a un nuevo despertar. Sueño que su canto hipnótico llegue a la multitud, sacudiéndola, evocando la visión de un país nuevo, y persuadiéndola de que hoy se necesita el amor para comenzar algo totalmente nuevo.

Dice el chamán, “hay que dejar de agitar los puños en el aire y abrir las manos y mostrar las palmas. Este es el tiempo de construir una unidad que jamás existió”.

Sueño con un chamán que no tiene poder y no tiene ejército, porque, siendo sabio, sabe que si uno quiere la paz no hay que prepararse para la guerra, sino que hay que desarmar los fusiles y las mentes.

De lo contrario, se perpetúa la militarización de la sociedad lo cual, a la víspera de la segunda guerra mundial, grandes mentes como Tagore, Sigmund Freud, Thomas Mann y Albert Einstein definieron como una forma de esclavitud y de educación de la mente y del cuerpo a matar.

Sueño, entonces, que aparezca un chamán que, como en las comunidades ancestrales, no tiene poder sino autoridad para re-educar. En aquellas comunidades, como bien lo ha resaltado el antropólogo Pierre Clastres, el poder no estaba radicado en un soberano, sino que estaba distribuido entre los miembros de la comunidad. Decía el jefe de la tribu Chaco en Argentina, “Yo soy el líder, pero no podría hacerle daño a mi gente sin hacerme daño a mi mismo al mismo tiempo; si yo utilizara el mando y la fuerza hacia mis compañeros, ellos de inmediato me darían la espalda”.

Entonces, sueño con un chamán capaz de generar un discurso alternativo para acompañar a Colombia en este nuevo camino hacia la paz y la transformación de las relaciones.

Sueño con un chamán iluminado, como lo fueron los de la población Tupi-Guaraní del Paraguay, o sea los karai, profetas dedicados a decir la verdad, siempre en búsqueda de la tierra prometida en los mitos, ywy nara ey, o sea la Tierra sin Mal. Cuando los jefes de los Tupi-Guaraní trataron de revindicar el poder por sí mismos, los karai surgieron desde el corazón de la comunidad y pronunciaron un discurso profético, invitando a sus miembros a abandonar los comportamientos contaminados por el mal.

Hoy sueño con un chamán para este país que logre que todos los colombianos tengan la voluntad y el coraje de descubrirse como un pueblo único, y para que se puedan reinventar como una comunidad plural y unida.

No hay que buscar quién sabe dónde a este chamán de la paz. De hecho, vive dentro a cada uno de los colombianos. Solamente hay que despertarlo, para que pueda hacer su obra de limpieza, liberando los corazones de los miedos y desmovilizando a las mentes.

 

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