Por: Cartas de los lectores

Un mal plato

Sobre una columna

Lástima que cuanto hubiera podido ser, sin atenuantes, una deliciosa columna (o sea rica, apetitosa, gastronómicamente hablando), la titulada “Los restaurantes y los esnobs”, que ayer jueves 28 de enero publica Julián López de Mesa Samudio en El Espectador, a fuer de incongruencias haya terminado en un plato desechable, sin sal ni azúcar, baboso e insípido, sazonado con insulto a quien la motivó, dizque por “estúpido”.

Daniel Samper Ospina es, hoy por hoy, el columnista de humor más afortunado y leído del país y sus frecuentes alusiones a restaurantes con precios altos o muy altos (no siempre correspondidos en calidad y servicio, como a muchos nos consta) son tan solo expresiones jocosas que cualquier comensal, frecuente o esporádico, de esos establecimientos, disfruta y celebra como lo que son, sin atribuirles connotaciones de clase social o de condición económica.

La verdadera estupidez corre a cargo de Julián López cuando afirma que los restaurantes costosos (o, sí, costosísimos) son para esnobs, o sea, según el diccionario, para quien “imita con afectación, las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos”.

Yo, que no dispongo sino de limitados recursos pensionales, asisto siempre que puedo a restaurantes prestigiosos, de excelente servicio, atención inmejorable, ambiente delicioso, y no me siento agredido ni cuando veo entrar, por ejemplo, a un locutor envanecido, a un político recién salido de la cárcel, ni a una actriz que tuvo problemas. Y si la próxima vez que vaya al inigualable Matiz (allá en la 95 con 11A) llega el renunciado defensor del Pueblo, nada me autorizará a tratarlo de esnob...

Así que, al apreciado Julián, si mañana está en París y lo invitan a La tour d´argent, no se acompleje que nadie va siquiera a mirarlo: ¡no sea amargoso y disfrute semejante maravilla!

Víctor Manuel Ruiz. Bogotá.

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