Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Un nacionalismo en ascenso

Donald Trump es el nuevo presidente de los Estados Unidos gústenos o no.

Su bandera de hacer “grande a América nuevamente” fue ganadora en una América media y profunda del centro que se ha sentido abandonada por el establecimiento político. Trump supo leer el descontento al igual que también lo hizo Bernie Sanders. Esta América se siente ahora empoderada después de un discurso incendiario de su candidato durante la campana electoral.

Y es así como muchos no han esperado a la posesión y que comience el nuevo gobierno para crear hitos de violencia contra los inmigrantes; ya han denunciado diversos ataques a musulmanes y latinos en distintas regiones del país. Se amenaza igualmente que ya no podrán hablar en español.

La elección dejo un país dividido no sólo en los ataques, sino también con las protestas. Son muchos los que manifiestan que ese no es su presidente y no se sienten representados, como sucede en las grandes ciudades de la costa este y oeste. Todo esto muestra que no será fácil y que vendrán algunas complicaciones.

Son muchos los que temen un desbordado nacionalismo. El presidente saliente Obama advirtió sobre el creciente peso de los nacionalismos tal como pasó con el brexit en Inglaterra. “Tendremos que vigilar el aumento de una especie de nacionalismo burdo o de identidad étnica o de tribalismo que se construye alrededor de un «nosotros» y un «ellos»”.

Y en este sentido se ha visto con preocupación el nombramiento como consejero sénior y estratega jefe a Steve Bannon, uno de los mayores agitadores de la extrema derecha que, desde el Breitbart News, noticias en línea, promueve un discurso incendiario de racismo blanco de xenofobia y machismo. Un discurso mediático provocador de violencia contra musulmanes, judíos, latinos y feministas, contra demócratas y republicanos. El respeto empieza a desaparecer y, por ejemplo, la alcaldesa de un condado de Virginia se ha referido a la primera dama como un chimpancé con tacones.

La situación es preocupante y será Trump a quien le tocará lidiar con un país dividido y polarizado. El discurso nacionalista incendiario fue efectivo durante la campaña, pero en un país grande y diverso como Estados Unidos no es el mejor para tratar de unificar la diferencia.

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