Por: Cristo García Tapia

Un Sí para el No

O, Uribe y su CD, no necesitó ganar el plebiscito para derrotar a la Paz.

En fin, mejor que si el 2 de octubre hubiese ganado el NO, le fue al senador Uribe y su Centro de Derechas, en el segundo acuerdo al que obligo al presidente Santos y, por efecto dominó, a las  FARC – EP, a reacordar  cuanto de manera legítima, legal y formal, se había convenido en el Acuerdo de La Habana, que ponía fin al conflicto armado de más de medio siglo que sembró de guerra a Colombia.

Y aun así, con 56 de 57 de sus inamovibles exigencias acogidas en el nuevo acuerdo, persiste en el saboteo al ratificarle al Presidente Santos que, cuanto se modificó y volvió a acordar, debe ser revisado, discutido y aprobado o rechazado, por el NO, por él, y las victimas, el también.

En suma, si las conversaciones de La Habana llevaron un lustro en parir un acuerdo para el fin del conflicto armado en Colombia con las guerrillas de las FARC –EP, mínimo un cuarto de siglo llevará a Uribe decidirse, otra vez, por el NO.

Y al Congreso de la Republica, igual número de años para tramitar las leyes y reformas a la Constitución que demandan los acuerdos pactados, toda vez que al eliminarse, por exigencia de Uribe, el bloque de constitucionalidad convenido por las partes en el Acuerdo de La Habana, el primero, el Estado se sustrae de cumplir cualquier compromiso al que se llegare en los porvenir acuerdos, preacuerdos, reacuerdos, que se le dé por proponer en su treta de guerrerista indomable.

Y, consecuentemente, de la responsabilidad social que dio Santos en llamar postconflicto, que era el lado de inversión social que traía el Acuerdo de Paz hoy objeto de remiendos estructurales que lo trasuntan en nuevo símbolo de la frustración nacional por pensamiento, palabra y obra de Uribe, su CD, iglesias, pastores y doctrinas.

Así las cosas, quienes celebramos y apostamos anticipadamente por la llegada de la inversión social por parte del Estado a territorios azotados y asolados por la guerra, el despojo, el desplazamiento, el hambre, la sed, las enfermedades, la falta de escuelas y centros de salud, nos vamos a quedar con las mismas caras largas, tristes y desoladas de la guerra.

De eso no habrá, porque la sostenibilidad fiscal que se incorporó en el SÍ al NO, del 12 de noviembre, como lo había exigido Uribe, no lo permite.

Tendrán que esperar otra guerra, el doble de masacres de las ocurridas, el triple de desplazados, el cuádruplo de despojados, las miles de víctimas de los Montes de María, Sucre y Bolívar, de los sures envenenados de mercurio y minería ilegal, y otras miles en distintas regiones, para que vuelvan a oír  hablar del Contrato Plan - Paz, con el que el Estado se había comprometido a resarcirlos por cuenta de la Paz, postconflicto, que la sostenibilidad fiscal no dejará ejecutar.

Y en cuanto a las FARC –EP, y a lo vuelto a acordar por exigencia de Uribe, que se tengan bien parados para responder por las víctima de un conflicto de más de cincuenta años, en donde los victimarios también fueron el Estado, los paramilitares y particulares, ahora exonerados de esa responsabilidad fiscal por arte del SÍ al NO.

Unos y otros, además de protegerse con la JEP de la guerrilla, ahora no serán juzgados por los delitos que a lo largo del conflicto cometieron y por los cuales piden condena ejemplarizante, con prisión e interdicción, para uno solo de los responsables, el que les prestó el paraguas.

Frente al indulto y la amnistía, inamovible que se acordó y pactó en la Mesa de La Habana, con Día D incluido, también lo fue al principio Simón Trinidad, es mejor que el nuevo acuerdo impuesto por Uribe deje claro que va a pasar, máxime cuando ya no va ser Kerry el secretario de Estado americano.

¡Ay!, comandante Iván Márquez, qué más quisiéramos los colombianos que “Dios y el comandante Manuel Marulanda Vélez, bendigan este acuerdo”, pero no depende de uno ni de otro tal gracia.

Y sí, del omnipotente, señor de todas las gracias y bendiciones. De Uribe y su legión de predicadores y cruzados contra la paz, la convivencia y la pluralidad.

Poeta
@CristoGarcíaTap
 

 

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