Por: Juan Carlos Ortiz

Una historia prematura

Qué difícil es conocer una mente con sorprendente inteligencia y a la vez un corazón con la sensibilidad de un gran ser humano. Así se podría definir a Juan Mario Laserna.

Tuve la fortuna de compartir con él en los programas de Young Global Leaders del Foro Económico Mundial en la Universidad de Yale y en el ISB en India, donde fuimos compañeros de clase, tuvimos grandes conversaciones, largas caminatas, risas, historias, tristezas y sueños.

Aprendí mucho de él, del orgullo que sentía por su padre, Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes y el único amigo personal colombiano que tuvo Albert Einstein. Juan Mario me narraba con emoción las cartas que entre ellos se cruzaron, las cuales algún día deberían convertirse en un libro. Me hablaba con gran amor de su madre Liliana a quien respetaba inmensamente y de su patria Colombia, a la cual tanto tiempo le dedicó con el constante anhelo de trabajar por un país más honesto y transparente. Hablar con Juan Mario era un verdadero placer, un lujo. Una persona inmensamente culta, visionaria, inteligente y de nobles sentimientos. Sabía como pocos de economía, pero también de deportes, de historia, de filosofía, de ciencia y de literatura.

Solo hace falta leer su intachable y extensa hoja de vida, llena de logros, como codirector del Banco de la República, Viceministro de Hacienda, Senador de la República y editor de la revista Dinero para darse cuenta de su brillante y veloz carrera.  Juan Mario hizo muchas cosas y todas las hizo muy rápido. Pero tristemente también así nos dejó, de manera prematura.

Todos los que lo conocimos sabemos que le faltó mucho por realizar.

Lo extrañaremos, extrañaremos al hombre de la mente brillante y el corazón sensible.

A la gran persona, al gran cerebro y al gran amigo.

Descanse en paz Juan Mario Laserna.

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