Por: Juan Carlos Ortiz

Una rata lleva a otra rata

Berlín ha logrado obtener un lugar en el listado de las tres ciudades más atractivas e interesantes del mundo.

Al lado de Nueva York y de Londres, la capital alemana se ha convertido en un lugar donde muchas cosas están sucediendo, su arte, su música y su energía son el caldo de cultivo para crear un espíritu de renacimiento, que sumado a la combinación histórica de la era Prusiana, la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, el Muro de Berlín, la capital de la unificación alemana y ahora el centro económico de la Unión Europea, hacen de esta ciudad un punto de acción y de movimiento cultural único.

Para los amantes de la historia es interesante observar como hasta hace muy poco tiempo preguntar por específicos símbolos del nazismo era un tema tabú que la gente evitaba responder.

Una capa de misterio cubría muchas dudas y curiosidades con respecto a este tema.

Varias veces les pregunté a taxistas, a conserjes de hotel, por el sitio exacto donde quedaba el búnker donde pasó sus últimos días Adolf Hitler, y siempre me enfrentaba con respuestas desviadas, cambios de tema o simplemente desconocimiento absoluto.

Este año me encontraba en esta ciudad en un centro comercial llamado “Mall of Berlin” y decidí caminar hasta el clásico Hotel Adlon, muy cerca de la puerta de Brandenburgo y perteneciente a lo que fue el Bloque Este durante los años de la Guerra Fría.

Iba por una calle al lado de un parqueadero de un conjunto de edificios de típica arquitectura soviética cuando de repente una rata pasó al frente mío. Esta rata era tan grande y tan peluda que me produjo una mezcla de asco y de curiosidad. Vi que cruzó la calle y se metió debajo de un carro. Traté de seguirla cuando de manera sorprendente y en búsqueda de ella mis ojos se toparon con un pequeño letrero a la entrada del parqueadero donde estaba el vehículo que ocultaba al animal.

Leí el aviso y por mi cuerpo corrió un frío que invadió toda mi alma: en este preciso lugar se encontraba el búnker del führer Adolf Hitler.

Una rata me mostró el camino para llegar a una historia que había sido esquiva por varios años.

Tal vez una coincidencia, o una metáfora, pero ahí estaba, sin gente, sin turistas, perdido dentro de un conjunto residencial. El aviso contaba la historia del antes y del después de su construcción y de su destrucción.

 

 

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