Por: Iván Mejía Álvarez

Vámonos, James

James no jugó la final de la Champions, tampoco actuó contra el Barcelona, y en la final del Mundial de Clubes fue ignorado por su técnico. James tiene bien claro que en la lista del Real Madrid que dirige Zinedine Zidane es un suplente más. Bien clarito: un suplente de los suplentes de primera línea. James por fin se ha rebelado y dejó en sus declaraciones de la final de Clubes que se tomaría esta semana para pensar lo que quiere hacer, pues tiene ofertas. Fue un grito de independencia. Está hasta la coronilla del manoseo y de la falsedad de su director técnico.

James y Zidane no se quieren, no tienen una buena relación, producto de las habladurías del colombiano criticando a su técnico y éste conoce lo que dice el jugador y se la cobra cada vez que puede. Zidane es un hipócrita. Es el clásico falso que le da palmaditas en la espalda, le habla a la prensa y dice que vive feliz con James, pero cada vez que puede, en los despachos directivos de la casa blanca, defenestra del colombiano. Y como tiene la sartén por el mango, James sólo juega contra los Eibar, Grandas, Osasunas y equipos de tercer nivel español. James no sirve para Europa ni para los partidos importantes. El solapado francés le cobra una por una sus carantoñas y rebeldías juveniles.

Y ahora sí que le van a cobrar todo. Atreverse a decir que se quiere ir del Real Madrid tiene ardiendo en ira a Florentino y a sus compañeros. Ya ni tío Floro lo defenderá, pues la prepotencia del dueño del Madrid no admite que nadie ponga en duda la continuidad en el equipo blanco. Florentino y su corte están convencidos de que no hay vida por fuera de la galaxia blanca. James también tendrá que enfrentar la ira de algunos de sus compañeros de vestuario, como Ramos, uno que se cree bajado de las nalgas de Júpiter y quien ya le llamó la atención en público.

A James, de quedarse, le esperan días aciagos, maltrato, humillación y de vez en cuando un partidito. Y el palo de la “prensa florentinista”, la “caverna mediática” que obedece órdenes del indignante Florentino. James se la jugó con su declaración y debe seguir adelante, pedir que lo vendan, irse donde crea que puede jugar con continuidad, donde se le respete, no se le manosee ni se le humille como lo están haciendo en el Madrid. James, es hora de partir, de hacerte respetar. A cuidarte y lucir tu fútbol en un equipo donde de verdad te quieran.

Un feliz año para los lectores de El Espectador. Este servidor sale unos días a vacaciones.

 

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