Por: Enrique Aparicio

Van Gogh sí se suicidó, la oreja se la quitó toda y pintaba emocionalmente sobrio

Las grandes figuras del arte, especialmente las que aparecieron hace cien años o más, generaron todo tipo de especulaciones de tal naturaleza que cualquier escritor sin tener una base científica no dudaba en presentar su versión histórica sobre el personaje.

Un pintor que hizo gran cantidad de bulla y se prestó para cualquier teoría fue el holandés Vincent van Gogh, de quien se ha escrito muchas veces la “última” palabra desde que murió.  En un programa muy ambicioso el curador Teio Meedendorp, del Museo van Gogh de Ámsterdam, propuso aclarar de una vez por todas, mediante una investigación seria y disciplinada, algunos de los aspectos que mas lata han dado en la vida de este excéntrico pintor. 

Al suicidio se le fueron creando arandelas que finalmente comenzaron a despistar.  Hubo la teoría de gente versada en el tema de que a Vincent lo habían matado por accidente unos niños que estaban jugando con una pistola. Esta arma por una chepa del destino permaneció entre la maleza más de 80 años en la localidad francesa de Auvers Sur Oise, donde hay un castillo en cuyos jardines pintaba Van Gogh.  Por azares del destino el revólver fue encontrado en los alrededores de este sitio y todo indica que van Gogh portaba el arma sustraída al casero donde tenía su cuarto. Este tipo de revólver en esa época se conseguía en Francia por unos 5 o 6 francos. No tenía el calibre para causar la muerte.  Era de poca potencia además utilizaba un sistema de disparo con pólvora y un percutor ya pasado de moda.  La herida que el mismo se causó con esta arma no le impidió recoger su caballete y resto de equipo para regresar a donde vivía.  También esperó la llegada de Theo, su hermano, de París.  Ésta y el resto de las historias siguientes fueron corroboradas científicamente por los expertos involucrados en la materia.

Otro tema que ha dado para cualquier tipo de especulación es el del corte de la oreja, hasta el punto de que hay quienes decían que la perdió a raíz de una pelea con Gauguin, pintor y gran espadachín.  Nuevamente las circunstancias juegan un papel  definitivo.  Dentro del archivo de correspondencia del gran escritor norteamericano Irving Stone, una historiadora encontró una carta que el médico que atendió a Vincent en ese momento le envió a Stone. Ahí le mandó un dibujo de cómo había quedado el artista sin la oreja, lo que deja en claro que en ningún momento el mejor espadachín del universo hubiera podido hacer un corte tan perfecto para quitarle la oreja.  El curador de la exhibición me explicó que siquiatras y médicos le han dado testimonio de que seres con problemas mentales tienden a infringirse cortes en el cuerpo como resultado de su enfermedad.

Y por último: no sería extraño traer la teoría que algunas de las expresiones de sus cuadros eran el reflejo de un estado mental que estaba viviendo.  Consultado el  grupo de apoyo científico quedó claro que cuando tenía una crisis las experiencias emocionales eran tan intensas que no le permitían pintar y sólo podía ejercer su arte cuando tenía claridad mental suficiente.

Con esa seriedad científica y astucia comercial con que Holanda maneja a sus personajes del arte, este tipo de exhibiciones son únicas y de interés mundial en el arte.   “On the Verge of Insanity” o sea “Al borde de la locura”, reúne en el museo Van Gogh -sin subsidios del gobierno- una muestra con los temas tratados aquí.

El trabajo incansable de uno de los curadores de la muestra, el Sr. Teio Meedendorp, responde con la  forma y fondo de esta exhibición (“On the verge of insanity: Van Gogh and his illness” www.vangoghmuseum.nl) a temas puntuales que hace mucho tiempo deambulaban en la sabiduría pseudocientífica de quienes se han interesado por Vincent Van Gogh.  En nuestro caso tuvimos la suerte que fuera el mismísimo Teio quien nos diera una explicación sobre su trabajo.

You Tube muestra el revólver, el cuadro que pintaba el día del suicidio y el corte de la oreja entre otros.

Que tenga un domingo amable.

 

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