Por: José Roberto Acosta

Víctimas de segunda

Desde hace años se advirtió sobre el riesgo de colapso del turbio mercado, no bancarizado, de títulos valores representados por pagarés libranzas. Desafortunadamente, dichos temores se volvieron realidad.

Los dineros enredados en este sistema de negocio financiero, que resultó vigilado por la Superintendencia de Sociedades y no la Superintendencia Financiera, ya ascienden a la cifra de $7 billones, es decir, veinte veces lo involucrado en Interbolsa. Sin embargo, el silencio mediático y de las autoridades de control brilla por su ausencia.

Tal vez esta pasividad se deba a que en el tema de libranzas no cayeron directores de medios de comunicación, como sí cayeron en el liquidado Fondo Premium comercializado por Interbolsa y que les recibió millones de dólares para no pagar impuestos en Colombia. Y como los medios no le han dado la debida cobertura a tan escandaloso desfalco financiero, tal vez por ello el procurador Ordóñez ni sabe del tema y por ello no se involucre, como sí lo hizo suspendiendo, injustamente y por complacer a las tribunas, al actual superintendente financiero, Gerardo Hernández, por su papel de intervención en el caso Interbolsa.

Este Gobierno se equivocó expidiendo la Ley 1527 de 2012, que alimentó la proliferación de cooperativas de papel y un “sistema financiero en la sombra”, que hoy incumple a millares de inversionistas, víctimas de la desinformación y de insostenibles rendimientos, muy por encima del mercado bancario, que ya desemboca en cuantiosas pérdidas de patrimonios familiares logrados con el esfuerzo de muchos años.

Pero en Colombia no vale advertir a tiempo. No vale haber anticipado ante el Consejo de Estado que los dineros de Isagén no irían a lo prometido por el Gobierno. No vale haber anticipado los problemas financieros de Pacific Rubiales que golpearon a nuestro ya débil mercado bursátil. No importa haber repetido al Congreso que la Regla Fiscal sería violada por el mismo Gobierno que la instauró. No importa haber llamado la atención sobre la indisciplina de gasto público que dilapidó la bonanza petrolera más grande de nuestra historia.

Ni modo. El escándalo financiero alrededor de las libranzas tal vez sólo resulte en otra anécdota más en un voluptuoso libro de corrupción de cuello blanco protagonizado por unos pocos privilegiados, mientras una mayoría damnificada es tratada como de segunda clase.

@jrobertoacosta1; [email protected]

 

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