Por: Hugo Sabogal

Vid vs. cannabis

Nunca pensé escribir sobre la marihuana en un espacio dedicado, principalmente, a la cultura del vino.

Lo hago hoy porque cada día crecen los temores de las bodegas estadounidense acerca del impacto que tendrá para sus negocios la legalización, con fines recreativos, del Cannabis sativa. No pocos viñateros están con los pelos de punta.

Dos hechos ayudaron a encender aún más las alarmas.

El primero fue una muestra comercial de marihuana, que congregó a 30.000 empresarios actuales y potenciales en el condado de Sonoma; y el segundo, en el mismo el mismo lugar y en el mismo recinto, fue la Exposición del Sector Vitivinícola de la Costa Norte, a la cual asistieron 3.500 viñateros y bodegueros. No sorprende que el evento vitivinícola promoviera una discusión abierta para analizar las consecuencias económicas que tendrá la marihuana en el sector.

Las presiones más obvias son el uso del suelo, el acceso a fuentes de agua y la contratación de mano de obra.

La hectárea de tierra, en un territorio bendecido para la plantación de vides, es altamente costosa, y ahora el precio se ha elevado por la expansión de los campos marimberos. Igual sucede con el agua, uno de los recursos más escasos en el estado. Y ya es un hecho que muchos recolectores de uva prefieren cambiarse a los cultivos de marihuana, porque reciben mejor paga y realizan un trabajo físicamente menos demandante.

En informes preparados por la revista Wines & Vine se señalan otros puntos de contención desde el momento en que California, Oregon, Colorado, Nevada, Maine, Washington y Massachusetts se pronunciaran a favor del uso recreativo de la droga.

En algunos de estos mercados se han reportado descensos iniciales en las ventas de vino, aunque estas han vuelto a repuntar a medida que crecen las promociones turísticas de la marihuana. Y esto es porque miles de visitantes nacionales e internacionales se vuelcan diariamente hacia los dispensarios y tiendas de marihuana, y esto hace que también demanden vino a la hora de comer.

Pero algunas pequeñas bodegas se están viendo contra la pared porque dependen, para su subsistencia, del turismo vitivinícola y de las ventas directas en sus instalaciones. Ahora estas visitas tienden a disminuir porque los operadores turísticos incorporan en su portafolio los populares tours de la marihuana.

Los más optimistas descartan que los consumidores cambien el vino por el porro, pero ya es un hecho que cientos de miles de personas han incorporado la marihuana en su lista de preferencias, y esto le reducirá espacio al vino en los momentos de socialización. Y si algunos todavía piensan que no hay mejor producto que el vino a la hora de sentarse a manteles, ya se ofrecen maridajes y recetas preparadas con la yerba.

Todo esto ha llevado a que el consumo de marihuana casi se haya duplicado desde 2013: del 7 % al 13 %.

En términos de composición demográfica, son más los fumadores que las fumadoras, en una proporción del 12 % al 7 % (ellas siguen dominando el panorama del vino, con un 56 % del total). Pero preocupa que los aficionados al cannabis se concentren en segmentos ubicados entre los 18 a los 49 años, o sea, los mismos grupos que interesan a los bodegueros.

El gobierno de Barack Obama redujo las presiones legales en los estados donde se ha aprobado el consumo medicinal y recreativo de la droga. La realidad es que la marihuana sigue siendo un producto ilícito según las leyes federales. La situación puede cambiar con Donald Trump, pues tanto él como sus asesores dicen estar dispuestos a reactivar la aplicación de las normas federales vigentes. Sin embargo, nada de eso cambiará el hecho de que vino y porro tendrán que convivir a partir de ahora.

 

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