Por: Augusto Trujillo Muñoz

Vida y obra

Otra vez el Tolima. Hace un par de semanas escribí sobre Honda y hoy me traslado al Líbano.

Así como Honda es la ciudad histórica, Líbano ha sido un centro educativo. Aquella está sobre el río Magdalena, un eje secular del desarrollo económico y social del país. Líbano está sobre la cordillera de los Andes, otro de nuestros ejes vitales. Venidos de la vieja Antioquia, sus fundadores eran hijos del radicalismo liberal. Hacia mediados del siglo xix, instalaron en el nuevo asentamiento la decisión de garantizar una buena educación para sus descendientes y una vocación por la cultura del café.

Pero la gran presencia del Líbano en el país tuvo lugar en el siglo xx. Después de la guerra de los mil días floreció no sólo como centro agrícola sino empresarial. Trilladoras de café, embotelladoras de gaseosas, tostadoras de cacao, pero también jabonerías, zapaterías, fábricas de velas, atendían la importante demanda de una próspera región del norte del Tolima. Quizás por eso allí tuvo tan hondas resonancias el proceso político que se cumplió con la llegada a Colombia de las ideas socialistas y los ecos de la revolución soviética. En el Líbano hizo protagonismo un Comité Central Conspirativo Colombiano (CCCC), brazo armado de una alianza entre liberales y comunistas, constituido con el propósito de desatar lo que intentó ser la primera insurrección armada en América del sur.

Por eso son célebres “Los bolcheviques” del Líbano en la década de los años veinte. La dinámica política se proyectó luego con los sucesos de “La república liberal” en la década de los treintas y el respaldo al liderazgo de Gaitán en los cuarentas. Es conocida la hombría de bien de sus hijos, su talante altivo, sus movilizaciones sociales. No es gratuito el alto grado de persecución que vivió la región que gira en torno al Líbano, en el período de la violencia liberal-conservadora de mediados del siglo xx.

Por esos años nació en el Líbano el escritor Carlos Orlando Pardo, uno de los intelectuales insignia de su patria chica. Como Eduardo Santa, Gonzalo Sánchez, Germán Santamaría. Llegó a Ibagué al comenzar los años setentas y trabajó durante buen tiempo en el sector educativo. Una década más tarde sería director del Instituto de Cultura y secretario de Educación del Tolima. Mientras tanto hizo periodismo, escribió literatura de imaginación, fundó una editorial, publicó libros de diversos escritores tolimenses y se empino hacia el liderazgo cultural de su región.

La historia del siglo xx en el Tolima es, fundamentalmente, una historia de la inteligencia. Las artes, la docencia, el periodismo, la política, el derecho, constituyen el valioso patrimonio de una región que blasona de tener un valioso activo espiritual. Nadie ha recogido tan cabalmente esa memoria como Carlos Orlando Pardo. Se convirtió en el investigador, por antonomasia, de la expresión cultural tolimense. Recupera la vida de varones y mujeres, o de grupos humanos, que le han servido a la región, tolimenses por nacimiento o por adopción, notables o no, pero estudiosos que merecen ser registrados por su inteligencia superior o por la proyección de sus obras dentro y fuera del Tolima.

Pardo ha publicado recientemente un par de novelas históricas, que le han valido merecidos elogios de la crítica. Pero yo siempre he resaltado en Pardo no sólo su condición de hombre brillante sino el talento con que maneja su pluma de cronista. Es un maestro de ese género en Colombia. Cuando escribe desde el espacio situado a medio camino entre el periodismo y la literatura Pardo se desliza con inteligencia y finura sobre la imprecisa frontera que separa –o que une- la sociología de la historia, como paisaje contextual, y la psicología de la historia como paisaje de alma sus protagonistas.

Me une a Carlos Orlando Pardo una amistad antigua y estrecha. Ello no puede ser óbice para reconocer el hecho evidente de su significativo trabajo intelectual. Estando lejos de ser un provinciano, es un auténtico hombre de provincia. La estudia con sentido universal y desempeña su oficio con el mismo sentido. Jóvenes universitarios tolimenses estudian su obra creativa y destacan su valiosa defensa del talento regional. Tiene plenos merecimientos para ser galardonado –como acaba de serlo- con el premio a la vida y obra de la alcaldía de Ibagué, por su trabajo en beneficio de la cultura.

*Ex senador, profesor universitario. @inefable1
 

 

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