Por: Felipe Zuleta Lleras

Vientos de cambio

Finalmente, después de una campaña bastante dura y llena de agravios, los ciudadanos estadounidenses eligieron como su presidente por los próximos cuatro años al cuestionado empresario Donald Trump.

De los resultados electorales queda absolutamente claro que los Estados Unidos quedan absolutamente divididos. Los porcentajes de los votos así lo muestran.

No soy un experto en política gringa, pero es claro a los ojos de cualquier ciudadano desprevenido que los norteamericanos votaron así para castigar a la clase política tradicional. Dejan llegar así a la Casa Blanca a un outsider. Un hombre que hizo su campaña despertando el odio hacia los inmigrantes musulmanes, los latinos, las mujeres, las minorías.

Si usted mira quiénes han sido los presidentes de los últimos 24 años se dará cuenta de que hubo dos gobiernos del demócrata Bill Clinton, dos períodos desastrosos del señor George Bush y ocho años de Obama, quien predicó y aplicó políticas liberales hacia las minorías. No es entonces del todo inexplicable que el péndulo volviera hacia los republicanos radicales.

Del señor Trump se sabe mucho y no se sabe nada. Aparte de que odia a los medios de comunicación, es arrogante e irascible, muchos lo admiran por el hecho de ser un multimillonario excéntrico y vanidoso.

Pues ese señor se ha convertido hoy por hoy en el hombre más importante del mundo. A diferencia de muchos, creo que Trump no será tan mal presidente como muchos dicen, ni podrá hacer lo que se le da la gana, entre otras cosas, porque la democracia estadounidense tiene una gran cantidad de controles institucionales.

El hecho de que además cuente con una mayoría republicana en el Senado y en la Cámara de Representantes no significa que podrá hacer lo que quiera, pues lo cierto es que en ambas hay unos congresistas sensatos que no le van a aprobar cuanta locura se le ocurra. Los mecanismos de control funcionan y así ha quedado demostrado en el pasado.

Ahora bien, que las cosas cambiarán para el mundo no hay la menor duda. Encuentra el nuevo habitante de la Casa Blanca dos guerras civiles en el mundo, tiene que enfrentarse a la realidad de ISIS y Siria, encuentra una economía sólida y, por su puesto, tiene que tomar decisiones que afectarán a millones de inmigrantes ilegales que viven en los Estados Unidos y el odio racial que se ha vuelto a despertar.

No será tampoco fácil, como lo prometió, acabar con el NAFTA o tratado de libre comercio con Canadá y México, entre otras cosas porque una gran parte de las empresas norteamericanas han sustentado su modelo de negocios con base en el mismo. En fin, arranca el 20 de enero el nuevo gobierno y solo el tiempo dirá si los gringos se equivocaron o no.

Que nos sirva de experiencia para entender que en Colombia puede aparecer por ahí cualquier loquito para suceder al presidente Santos, pues las cosas acá están tan confusas y el gobierno ha sido tan regular que eso podría pasar. Ojo pues con esos outsiders que están, desde ya, rondando.

 

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