Por: Óscar Sevillano

Voces de Paz en la política

La agrupación política Voces de Paz designó tres voceros para Senado: Jairo Estrada, Pablo Cruz y Judith Maldonado; y tres para Cámara de Representantes: Imelda Daza, Francisco Tolosa y Jairo Rivera, con la aclaración de parte del Gobierno Nacional y las Farc de que estas personas son ciudadanos en ejercicio que participarán exclusivamente en el debate de los proyectos de reforma constitucional o legal para la implementación del Acuerdo Final, con voz, pero sin voto.

Lo mínimo que se espera de parte de la sociedad colombiana  es un trato amable para quienes llegan con la finalidad de hacer un aporte para que en  Colombia  la paz sea una realidad. Sin embargo, no se ha visto buena receptividad y algunos ya empiezan a reclamarles por asuntos de secuestros y desapariciones de colombianos en manos de las Farc.

Si comparamos esta actitud que se comienza a ver con quienes desde la sociedad civil, sin estar involucrados en hechos de guerra, ni crímenes de lesa humanidad,  apoyan el ingreso de las Farc a la política, luego de que estos entreguen las armas, con la que pudimos observar hace algunos años, cuando los jefes paramilitares visitaron la plenaria del Congreso de la República y el fuerte aplauso hacia ellos de parte de muchos de los presentes, lo mismo que de algunas  voces de la  opinión pública a favor, se hicieron sentir, nos podemos preguntar, si como sociedad  estamos dispuestos a asumir la paz con la actitud que corresponde.

No es posible que se demuestre buena actitud y receptividad hacia unos   actores ilegales que en medio de un proceso de paz acuden al Congreso para exponer sus motivos para un desarme y se muestre total displicencia con quienes no han tenido que ver con hechos delictivos, pero que en aras de apoyar la paz, acepten  cargar una cruz pesada y defiendan  la idea de unos Acuerdos que buscan ponerle fin a un conflicto que lleva más de 50 años, sin importarles el costo que les puede traer para sus vidas.

Ha llegado el momento en que la sociedad colombiana comience a asumir una cultura de paz, de tolerancia y respeto hacia el otro, y creo que este ha de ser un buen ejercicio, porque será nuestra prueba de fuego para que demostremos, qué tan dispuestos estamos para ponerle fin a  nuestras diferencias, sin necesidad de acudir a las  balas y todo la barbarie que esto conlleva.

La tarea no será fácil, porque conlleva a escuchar a quien no se quiere, a quien no se tolera y en algunas ocasiones, a quien pudo ser el causante de muchos dolores y angustias. Sin embargo, es también la oportunidad para aplicar el perdón y olvido que nos propuso en su momento el expresidente y ahora senador Álvaro Uribe Vélez. El mismo que se pudo aplicar sobre los actores ilegales que buscaron la firma de la paz, pero que por errores en la manera en cómo fue concebida la norma que permitió su desmovilización (Ley de Justicia y Paz), no fue posible llevarla a buen término, pero que sin embargo, con lo poco que se logró, sirvió para reducir el número de masacres y tomas a poblaciones de parte del paramilitarismo en Colombia.

Si eso que no fue tan  significativo, logró evitar muchas muertes en nuestro territorio, imaginémonos, lo que puedo traer consigo un proceso de paz con una guerrilla que durante años ha crecido y que claramente no pudimos derrotar por la vía militar.

Este ejercicio de escuchar las voces en el congreso de quienes desde la sociedad civil apoyan el ingreso de las Farc a la política, nos ha de servir como ejercicio de tolerancia y respeto hacia el otro. Lo menos que podemos hacer, es evitar la agresividad en el discurso, porque esto puede conllevar a hechos inimaginables.

@sevillanojarami

 

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