Por: Patricia Lara Salive

¿Volver a la guerra?

Así me critiquen como al presidente Santos cuando dijo que “si el plebiscito no se aprueba volvemos a la guerra”, como columnista, debo abrirles los ojos a los entusiastas de la campaña por el no a los acuerdos, para que tengan claro que si gana el no, volverá la guerra.

Y es que no es sino que analicemos las opciones reales que, en ese caso, les quedarían a las Farc, para que veamos que, si triunfa el no, regresar a la guerra sería la única alternativa que les habríamos dejado, ya que no podemos creer que van entregarse masivamente pues nadie los ha derrotado. Veamos:

Es evidente que la Corte le cerró la puerta a la posibilidad de que, de ganar el no, este gobierno pueda presentar los proyectos de reforma para cumplir los acuerdos. Así que, en ese caso, el presidente quedaría maniatado. Y los jefes de las Farc, por su parte, tendrían que salir de Cuba, pues al estar en la lista de terroristas, dadas las relaciones entre EE. UU. y la isla, Cuba no podría ampararlos en su territorio. Entonces no tendrían más remedio que ponerse al frente de sus tropas. Y las bases de las Farc, ante esa realidad, también quedarían atadas a la guerra por cuanto continuarían en la ilegalidad, obligadas a sobrevivir en el monte, seguramente financiándose con el narcotráfico y con los secuestros, porque sus recursos para su supervivencia no provienen propiamente de inversiones en la bolsa ni de depósitos a término en los bancos.

Para comprobar esta verdad, no es sino recordar las palabras de los comandantes de las Farc Carlos Antonio Lozada e Iván Márquez: “sin amnistía no hay acuerdo final, y sin acuerdo final no hay traslado a las zonas veredales”, dijo el primero. Y el segundo afirmó: “los pasos sustanciales en lo que respecta al desplazamiento de la insurgencia hacia las zonas(…) y la dejación de armas, están supeditados a la puesta en vigor de las normas que garanticen la seguridad jurídica, social y política de la insurgencia. Deberá en consecuencia estar refrendado y en efectivo desarrollo el acuerdo final”.

Más claro no canta un gallo: sin un sí en el plebiscito no habrá desmovilización ni desarme de las Farc. Es decir, habrá guerra, más guerra.

Así que el galimatías que se inventó el expresidente Uribe para promover el voto del no —“sí a la paz votando no al plebiscito”— es un engaño. Otra cosa es que dijera: “sí a acabar a las Farc con la guerra votando no al plebiscito.” Así la intención del planteamiento no sería mentirosa. Pero sí prometería un imposible: por algo Uribe no terminó con las Farc en sus ocho años de gobierno, ni los presidentes que lo antecedieron lograron hacerlo en las cinco décadas anteriores. Nuestra geografía montañosa, la tradición de violencia del país, el arraigo de la guerrilla en ciertas zonas y la ausencia del Estado en muchos rincones de Colombia, hacen que aquí sea imposible derrotar a las Farc con las armas.

De manera que no se dejen engañar: al votar no al plebiscito eligen la guerra, es decir, la destrucción frecuente de poblaciones y puestos del Ejército y la Policía, las muertes en combate, los secuestros, los atentados como los del Club El Nogal, las tomas de pueblos como la de La Calera, las desapariciones forzadas, los falsos positivos.

No se trata de hacer campaña con el miedo sino de decir la verdad: como afirmó el expresidente Gaviria, “quien vote no al plebiscito está votando por la guerra”.

¿Queremos volver a esa pesadilla?

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