Por: Hernán Peláez Restrepo

Volvió el rojo

El América cumple 89 años de vida. Fundado en 1927, pasó por todos los niveles del fútbol profesional, desde los días de Édgar Mallarino y Shinola Aragón y los peruanos que militaron en sus filas, encabezados por Félix Castillo, hasta el primer título obtenido en 1979.

Grandes jugadores foráneos, como Gareca, Falcioni, Pascutini, Cabañas, Polilla da Silva, y criollos de categoría, poniendo en primer lugar al Barby Ortiz, Álex Escobar, Pipa de Ávila y Gilberto Cuero, entre muchos, sintieron la pasión de sus hinchas, la pasión del pueblo.

Un historiador de apellido Lenis, que fue redactor de un periódico caleño, anotó: “Son unos negritos que corren como diablos rojos”. Cierto o no, el América siempre fue identificado como el de los diablos rojos. Estoy seguro de que uno de los más contentos debe ser el médico Ochoa Uribe.

Ganó un juego bravísimo al Quindío, en un partido lleno de condimentos para sufrir y al final gozar. Autogol de América, golazo de Farías y una pena máxima clara sancionada por Roldán, que selló el ascenso, al ejecutar con serenidad y colocación Martínez Borja. Dos jugadores expulsados al final de lado y lado. Recogebolas excluidos por las viejas mañas y una angustia latente en un público cuyo número ya quisieran algunos de los equipos de arriba. De paso, también los futuros equipos compañeros de América agradecen su presencia, porque cuadrarán caja.

Pasaron cinco años en el purgatorio de la B. Cada diciembre del último tramo era mortificante, pero el genuino hincha seguía fiel, esperando la resurrección, y finalmente esta se dio. Es justo reconocer el plan urdido entre Tulio Gómez, el técnico Hernán Torres y el gerente deportivo, Julián Vásquez, quien fue jugador del equipo.

Es obvio que en los barrios populares de Cali, comenzando por Siloé, Bretaña, Alameda, Ramos, Aguablanca y San Nicolás, más de un residente celebra con alborozo el regreso de la mechita.

Resultaron estos los noventa minutos más apasionantes, puesto que el Quindío estuvo allí hasta el último momento, apretando y buscando un gol que le faltó para subir. América aguantó hasta reventarse y poder disfrutar de esta enorme y grata emoción. El diablo rojo está de vuelta, con su camiseta que no destiñe. Ya habrá tiempo de revisar los aportes y el rendimiento individual, porque el fútbol sigue y en cuestión de días América jugará contra el ganador del otro cuadrangular, y será un motivo más para brindar y buscar el campeón global de la B. Por lo pronto, América vive, y de qué manera.

 

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