Por: Felipe Jánica

Y de quién es la culpa

Pareciera ser una realidad generalizada echarle la culpa a algo o a alguien por nuestras propias actuaciones.

Con ocasión de los recientes hechos deportivos, económicos y políticos, la licencia para criticar está a libre disposición de la ciudadanía. En el mejor de los casos, justificar o tener la explicación de los acontecimientos, parecieran ser una buena excusa para iniciar una tertulia.

El resultado de la contienda política de EE.UU., por su presidencia, dejó a muchos con la boca abierta. El corolario de la batalla política es que es imposible predecir el futuro, o quizá, en algunos casos hacerle caso a las encuestas. Lo cierto del caso es que hubo y habrá tema de discusión, en algunos casos de manera estéril, por las próximas semanas o quizá meses o años.

Muchos se han atrevido a afirmar que algo está pasando en el mundo. Lo realmente cierto es que la realidad derivada de las actuaciones pasadas no tiene vuelta de hoja. Y si es así, entonces ¿Por qué se discute o se intenta argumentar con comentarios superficiales? Esa parece ser una de las máximas que se infieren de las elecciones de la unión americana.

Lo mismo que está ocurriendo con las elecciones sucedió hace sólo unas semanas en Colombia con el “NO”. Las discusiones surgidas en su momento solo dieron cuenta de la superficialidad de contenido de las mismas. El resultado hasta hoy es que nada de fondo ha pasado a diferencia de una caída de las expectativas de los inversionistas internacionales. Por supuesto éstas, en la mayoría de los casos, injustificadas o dejadas llevar por opiniones ligeras. Más allá de eso, hay mucha tela por cortar y pareciera prematuro predecir si los del “no” o los del “sí” tenían razón.

Situación similar ocurrió en la Unión Europea como consecuencia del Brexit. Si bien los resultados económicos hicieron tambalear las bolsas de valores globales, el efecto pareciera tener sus revulsivos. Lo notorio es que en materia económica y financiera, poco duró la recuperación pues con los resultados políticos de EE.UU., generaron disminuciones generalizadas en materia financiera. Quizá la especulación del momento coyuntural son unas de las tantas explicaciones.

En la arena local, es increíble también la falta de argumentos con relación al resultado del partido Colombia vs. Chile en Barranquilla. Por un lado, están los aficionados echándole la culpa a los jugadores y al técnico y, por otro los jugadores – sobre todos los más renombrados- tratando de justificar su actuación por variables exógenas como el estado precario de la cancha (que de verdad es muy mejorable) el calor y demás. Lo cierto del caso es que como en éste y en como los temas políticos y económicos, siempre hay alguien o algo a quien echarle la culpa.

Lo que realmente puede sacarse conclusión de todos estos sucesos es que por lo menos hay algo de qué hablar. La calidad como se pueda concluir, depende o dependerá de qué tanto y tan profundo se conozca de cada tema. Es por esto que prefiero inferir en lugar de concluir, pues, bien se dice que los adultos no somos capaces, en primera instancia, de aceptar nuestros errores, pues siempre habrá algo a alguien a quien culpar. La invitación entonces es a buscar las causas raíces de nuestros comportamientos y aprender a no justificar nuestras actuaciones. Por lo que se puede empezar será por guardar silencio cuando lo primero que se viene a la cabeza son excusas o justificaciones. Así las cosas hay que seguir agradeciendo el Todo Poderoso por habernos regalado dos oídos y una boca, los primeros para escuchar dos veces y la segunda no solo para comer sino para hablar una sola vez. Si no cambiamos esta tendencia, que parece un mal endémico, seguiremos buscando culpables y no las soluciones.

 

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