Por: Luis Carvajal Basto

¿Y después del plebiscito?

Cualquiera sea el resultado, y ayer salió una encuesta en la que gana el no por 11 puntos, este es el momento para que las fuerzas políticas se comprometan a acatarlo, respetarlo y respaldarlo.

Faltando tiempo, hechos y encuestas, la de Ipsos publicada ayer es un fuerte llamado de atención  al gobierno y las FARC: en solo dos meses la tendencia se invirtió  cayendo el sí desde 56% a 39% y creciendo el no desde 39%  hasta 50%.Si la votación fuera hoy habría que renegociar lo acordado en La Habana, que, paradójicamente, gran mayoría de la población desconoce.

Desgaste del gobierno; falta de información y dilación de las negociaciones tienen que ver con esta voltereta que parece haberse dado en la opinión. Inflación, paros agrarios y camionero y “amenaza” de reforma tributaria,  hacen su parte. Da la impresión de que mientras el sí viaja a pie, él no lo hace en avión o, simplemente, en el Twitter de Uribe. Está calando el argumento que pide justicia, fundamentado en un sentimiento de revancha en sectores de opinión esencialmente urbanos, que se han mantenido “alejados” de la guerra, o generalidades como que “le van a entregar el país a las FARC”. Y nadie debe olvidar que es en las ciudades, en las que el voto es más libre y tienen menos influencia los congresistas, donde se definirá esta elección. Por cierto, importantes sectores políticos y de opinión respaldan los acuerdos, pero no comparten las equivocaciones de sectores del gobierno. Otros, como el vicepresidente, están en el gobierno pero no se sabe que actitud tomarán.

A Santos  le puede pasar factura centrar su estrategia en la clase política, lo que ha sido suficiente para la gobernabilidad basada en leyes y reformas, descuidando  a una opinión, que, según las reglas por el mismo presidente establecidas, debe  refrendar el plebiscito. Como hicimos ver en repetidas ocasiones desde esta columna, al proceso de La Habana le hizo falta un jefe de debate en Colombia, que se ocupara de buscar la Paz política y hacer llegar el mensaje a la ciudadanía. Apenas ahora, sobre la marcha, se  ha encargado de esa tarea al ex presidente Gaviria.

Todo indica que, carpintería  de por medio (Ley de amnistía, entrega de armas etc.), se firmarán los acuerdos. Acuerdos que no se conocen  a ciencia cierta por la sencilla razón de que no están firmados, en un proceso en que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Pese a ello existe suficiente predisposición, a votar por el sí o por el no, como para pensar, siguiendo las últimas encuestas, que  dos tendencias en que se ha polarizado la opinión tendrán una apretada competencia, sin conocer cómo reaccionará el voto rural, en que se siente mayormente la influencia de los congresistas y también de los, hasta ahora, alzados en armas.

Aunque el parámetro de  negociación es la Constitución, que se mantiene inmodificable, los argumentos  contra  los acuerdos, suficientes para mantener el país dividido, son 1) La reacción y sentimiento de revancha  de sectores de opinión  frente a las atrocidades de la guerra, y 2) la sobrecarga económica que va a suponer el pos conflicto, aunque no se diga. ¿Quién la va a pagar en una época de vacas flacas para las finanzas públicas? Este último asunto ha apretado más los tiempos de negociación. En alguna parte del calendario, hasta diciembre, deben prosperar el plebiscito y la reforma tributaria que ya exigen las calificadoras de riesgo, en ese orden.

Y es que  el plebiscito además de protocolizar, o no, los acuerdos, se convirtió en el primer pulso de las presidenciales. Cualesquiera sean sus resultados, las FARC,  la paz que se acuerde o no, seguirán siendo  eje de la política colombiana, como ocurre desde la foto del ex presidente Pastrana con Jojoy  y Tirofijo que definió las elecciones de 1998. ¿Seguiremos, otras tres décadas, debatiendo o cuestionando lo acordado?

El país tiene que pasar esa página. Por eso lo mínimo que podemos pedir es que los resultados se respeten unánimemente y el plebiscito haga las veces del acuerdo político que no se pudo. A ver si nuestras controversias políticas son más edificantes de ahí  en adelante y el país toma nuevos y mejores rumbos.

@herejesyluis

 

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