Por: Madame Papita

¡Y el dulce, sabor del pecado!

¿Quién de nosotros no se ha hecho la vuelta a la sabana de Bogotá por un postre, o llegando a Cartagena siente una extraña necesidad de perderse en los sabores y colores del portal de los dulces y las historias de cada una de sus artesanas?

Una extraña sensación de dulce con espacio y sueño azul, casi un paraíso o un pecado.

Lujuria y gula son los dos pecados capitales asociados a los dulces: Me declaro pecadora empedernida. De sabrosos pecados como el de comerse un chocolate a la media noche, una salsa agridulce de frambuesa con cerdo o una cuchara helada de arequipe recién salido de la nevera con un pedazo de queso campesino. ¡Glorioso pecado gastronómico! No esperen una disertación de lo dañino del azúcar, o cómo los niños enloquecen por el exceso o, en su defecto, por la falta de azúcar. Hoy solo quiero descubrir por qué Colombia es un país dulce y dulcero.

Nuestra cocina por excelencia tiene productos dulces de excelente calidad y con infinidad de posibilidades para nuevas mezclas y particulares texturas que generan inesperadas combinaciones. Desde lo más tradicional, como un mielmesabe, una mantecada con aguardiente, bolitas de tamarindo, cocadas, dulces y almibares de las abuelas, hasta las más sofisticadas preparaciones. Lo importante es que es uno de los sectores que más a crecido en oferta criolla y que ha abierto nuevas ofertas de cultivos en Colombia y, por ende, para el mundo entero.

Inventan paletas y helados de sabores sabrosos como Kola Román, lulo o níspero; clásicas pero novedosas preparaciones como el helado de Milo o de dulce de guayaba. Lo más novedoso de mi semana: helado de aguacate con pistacho. Hemos entrado en un capítulo cada vez más exigente de nuestra historia, pero más pecaminoso.

Las panaderías se han pulido con nuestros roscones clásicos, para rellenarlos de salsas de uchuva, feijoa o mora de castilla; nuestro pan de chocolate, sin tanto hojaldre, y más masas deliciosas. Las donas sofisticadas que en un mordisco nos llevan a la profunda selva con novedosos sabores de gulupa o arazá. Panderitos, colaciones o merengón a la orilla de la vía. En este punto ya digo, tranquila, ¡mátame con dulzura, pero dame más dulces colombianos!

En esta ruta de pecados nacionales, ¿qué me dicen de las producciones de chocolates mezclados con frutas y especies locales? De Santander para el mundo un chocolate de excelente calidad, o quizás un veleño, con leche helada; mejor aún en el bolsillo de nuestros ciclistas, un bocado de pura energía. Manjar blanco del Valle, macetas para los niños llenas de color y dulce, cortados de leche, desamargados, melcochas y hasta solteritas. ¡Yo pecadora, y con gusto!

Necesito un postre que me mueva el alma, que me despierte todas las sensaciones y me provoque comérmelo hasta chuparme los dedos. El postre perfecto es esa mezcla de sensaciones pecaminosas que nos hace desearlos perdidamente.

Hoy vamos a seguir apostando por las movidas locales, llenas de dulces tentaciones.

Orso: Helados artesanales con receta italiana cremosa. Una heladería de casa, en el corazón de Chapinero alto. ¡Sí señores!, helado de Chocorramo, Milo, lulo, maracuyá... Clásicos, obvio, pero los sabores del mes son lo máximo. Precio producto: Excelente. Además interactúan con sus clientes y sus redes sociales. Ese es mi plus.

Postres clandestinos de Santiago Amaya: Besos de negra o de rubia, tartaletas de maracuyá y mango; chocolate y uchuva o queso y bocadillo, papeles artesanales de gelatinas comestibles de mora natural, conos de chocolate y jaleas. Mesas de postres, deliciosas todas, en tamaño bocado. Una historia que se escribe a dos manos desde la clandestinidad de Bogotá con sabores fuertes y muy colombianos. (Aquí siempre sabrán de la movida clandestina: 3124545543).

El Olivar (La Calera): En el marco de la plaza de La Calera ha estado por décadas. Todos los postres y amasijos criollos que puedan querer están ahí. Plan de domingo o de cualquier día de la semana. Lo mejor, el merengón.

Pie de coco de Gaira: No tiene competencia y no lo tendrá en su vida. Es la receta de la casa Vives y, si fuera yo, la patentaría. No se la pierdan; es un buen postre o un buen acompañamiento para pasar la tarde.

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@ChefGuty

 

 

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