Por: Luis I. Sandoval M.

Yo estuve en… (I)

Yo estuve en… fue una expresión empleada por El Espectador (diciembre 27) para presentar hechos notables ocurridos durante el año que expiró.

Me tomo la libertad de utilizarla para titular este relato. Yo estuve en un periplo por la paz en noviembre y parte de diciembre de 2015. Dando desarrollo a la idea de diplomacia por la paz desde un espacio de sociedad civil como es la Red de Iniciativas por la Paz (Redepaz) visité La Habana, Madrid, Valencia, Barcelona, Ginebra, Berlín, Amsterdam, Bruselas y París.

Dado que la construcción de paz requiere el concurso de sociedades y gobiernos amigos en todos los continentes y de organismos supranacionales corresponde a todos los actores de paz en Colombia desplegar una acción propia de diplomacia por la paz. Ella no es atribución exclusiva del gobierno, el cual, por supuesto, es el primero en adelantarla y con él, sin detrimento de la autonomía social, es preciso coordinar lo necesario.

Fundamento y líneas de acción de esta tarea se encuentran en la reciente obra del Profesor catalán Vicens Fisas –Diplomacias de Paz- reseñada en esta columna (noviembre 24). Después de la II Guerra Mundial todos los procesos de paz cumplidos entre fuerzas enfrentadas al interior de los países han contado con intensa y decisiva participación de la comunidad internacional. Se requiere para facilitar la superación del enfrentamiento y, una vez logrado este primer objetivo, para la etapa pos acuerdo, o transición, que tiene el reto enorme de llenar la vida social de condiciones de no repetición atacando los factores de distinta índole generadores del enfrentamiento.

Antes de ir al Viejo Mundo era importante pasar por La Habana para tener impresiones propias sobre la marcha de la mesa Gobierno-Farc y la proximidad o lejanía de la paz. La constatación no pudo ser más alentadora. El equipo del gobierno y el de la guerrilla, contactados en vivo y en directo, producen la positiva impresión de estar seriamente dedicados a darle contenido y viabilidad en corto plazo a un acuerdo sólido de terminación del conflicto armado interno. El acuerdo final podría firmarse el 23 de marzo como se ha anunciado o en fecha muy cercana a esta. Algunos imprevistos han surgido y otros podrían surgir.

Si por este esmerado trabajo la Revista Semana dedicó carátula a Humberto de La Calle y a Sergio Jaramillo, ejes del equipo gubernamental, justo hubiera sido incluir a dos guerrilleros, integrantes principales del equipo insurgente. No se entiende el buen desempeño de una de las partes sin el concurso de la otra. En la guerra y en la paz todo es bilateral, no obstante la realidad asimétrica de la confrontación.

La guerrilla quiere hacer política sin armas, cumplidos los requerimientos del acuerdo sobre justicia, sin incurrir en impunidad. La sociedad tiene que ser plenamente comprensiva de esta aspiración, asunto que deriva del carácter político reconocido a la insurgencia. Ahí está la pepa de la paz. Si este nudo no se desata temprana y adecuadamente no habrá paz. Los exguerrilleros vienen a organizar un movimiento político, a hacer coaliciones, a criticar y a proponer, a buscar votos para ser gobierno en los diferentes niveles territoriales. Eso expresaron con claridad y determinación Pablo Catatumbo, Victoria Sandino, Benkos Biojó, Rodrigo Granda, Marco Calarca y Pastor Alape. Esta voluntad, abrigo la esperanza, es lo razonable, contribuirá eficazmente al gran frente político alternativo que necesita Colombia siguiendo el ejemplo de otros países en América Latina. Elemental firmar la paz con la aspiración de ser gobierno, otra cosa es disponer de una estrategia que la haga posible. Continúa…

@luisisandoval  

 

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