Por: Esteban Carlos Mejía

Yo quiero el desarme de las Farc. ¿Y ustedes?

Algunos despistados creen que las Farc no tienen ideología.

Piensan con el deseo. Desde sus más remotos orígenes, las Farc han sido manejadas por el Partido Comunista Colombiano, PCC. ¿No sabían? Entonces, por favor, lean Las ideas en la guerra, de Jorge Giraldo Ramírez, (Debate, 2015).

Para mi gusto, Jorge Giraldo es uno de los intelectuales más serios y más independientes de este país. Con rigor analítico y estilo claro, examina olas y modelos, medios y ocasiones, motivos e intenciones de la izquierda armada colombiana. Y confirma lo que se sabía por percepción o intuición: las Farc son (¿o fueron?) el brazo armado del PCC. “Si bien Latinoamérica estuvo en el centro del escenario de las oleadas revolucionarias de las décadas de 1950 y 1970, los partidos comunistas de línea soviética no cedieron a la tentación de usar la violencia, con cuatro excepciones: los de Venezuela (PCV) y Guatemala (PGT) a comienzos de los años 1960, el de El Salvador (PCS) desde fines de los años 1970 y el colombiano (PCC) desde1949” (pág. 36).

En ese año, al principio del gobierno de Su Excelencia Laureano Gómez Castro, monstruo de monstruos, el PC llamó a la autodefensa armada contra la violencia gubernamental. Más tarde, en 1952, hizo una conferencia de sus grupos armados. Un lustro después, al caer la dictadura del Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, ilustre abuelito, había dos núcleos guerrilleros comunistas. Uno, liderado por Juan de la Cruz Varela (1902 – 1984), en la provincia de Sumapaz, Cundinamarca, y en municipios vecinos del oriente del Tolima, y el otro, comandado por Pedro Antonio Marín (1930 – 2008), conocido también como Manuel Marulanda Vélez, en el suroccidente tolimense. En su juventud, ambos fueron liberales, se alzaron en armas después del 48 y luego se adhirieron al PC. Varela y su región le aportaban el mayor caudal electoral al partido. “Marín y los suyos le daban certidumbre a una estrategia congruente que exigía que la lucha insurreccional urbana contara con el respaldo de una fuerza guerrillera. La cúpula partidaria optó por albergar a los dos grupos y, a principios de los años 60, ambos dirigentes ingresaron al Comité Central, membresía que ocuparon hasta sus respectivas muertes.” (pág. 71).

Al parecer, Marulanda estaba creando un ejército para construir “una sociedad sin propiedad privada” mientras “Varela nunca excedió la concepción democrática liberal de la sociedad”, según señala Álvaro Delgado Guzmán. El caso es que “en el 10° Congreso del Partido Comunista de Colombia, realizado en enero de 1966 y en el que participó Luis Morantes, se consideró que «la lucha armada es inevitable y necesaria como factor de la revolución colombiana» y en consecuencia se proclamó la tesis de la «combinación de todas las formas de lucha de masas». Al mes murió en combate Camilo Torres Restrepo y cuatro meses después se fundaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, con la presencia de Morantes en sus filas bajo el nombre de Jacobo Arenas” (pág. 74).

Por tales antecedentes, entre otras vainas, yo quiero el desarme de las Farc, pactado en el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, a ver si así se derrumba también la entelequia de la lucha armada en Colombia, tan dañina en la historia de la izquierda. ¿Se autocriticarán los mamertos o seguirán combinando politiquería y armas?

Rabito: Sí voto “Sí”. No voto “No”

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