"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 1 hora
Por: Cristo García Tapia

Yo sí sé adónde queda Macondo

No queda tan cerca de acá, pero tampoco es que quede muy lejos de allá.

Queda, estoy seguro, más acerca de acá que de allá, aunque los de allá, que es a la vuelta de acá, se empecinan en decir, y repetir, que es todo lo contrario.

Otros, más realistas y expertos en mapas y coordenadas, van más con el parecer de los de allá: reconocen que los de acá tienen razón en tanto los de allá acepten, sin pretender desconocerles la razón a los de acá, que los de allá no es que estén tan cerca de los de acá, y viceversa.

En cuanto los de allá dicen que queda a cuatro palmos de distancia de los de acá, estos de acá afirman todo lo contrario y viceversa: son los cuatro palmos de uno y otro los que quedan entre los de acá y los de allá.

Yo sí sé adónde queda Macondo.

Queda exactamente, ni un grado más ni uno menos, en el norte del sur, aunque los del sur digan todo lo contrario: que son ellos el sur del norte y viceversa.

A veces, unos y otros, se inclinan por una orientación menos propensa a distorsionar los paralelos: a igual distancia del este y del oeste quedamos los de acá, en tanto los de allá, con la misma y rotunda convicción y énfasis cardinal alegan: a igual distancia del oeste y el este estamos nosotros.

Aunque ambos creen tener la certeza adonde y a cuantos grados de longitud y latitud quedan uno del otro, en ponerse de acuerdo sobre su localización exacta y precisa no dan pie con bola: más al sur del norte crecen los grados, en tanto disminuyen más al norte del sur y viceversa.

La cosa acaba por complicarse cuando los de allá recurren a los mismos sabios y doctores que los de acá, porque al final terminan por ponerse de acuerdo, cada uno por su lado, en los desacuerdos de sus acuerdos sin acordar.

En estas cosas de las identidades, de los pareceres, gustos y disgustos, los de acá se autoproclaman en llevarles la delantera a los de allá.

Es entonces cuando estos se dan vuelta y deciden, en estos pareceres de no parecerse a lo que se parecen, disgustarse con los gustos de los disgustos y endosarles a su contraparte la gustadera del gusto del disgusto.

Yo sí sé adónde queda Macondo.

Es más, sé el sitio exacto en el que se levantó la primera casa que hubo en este pueblo perdido entre más allá y acá que, contrario a lo que creen los de allá, no fue de barro y caña brava. Ni fue la del señor José Arcadio y la señora Úrsula.

La de ellos vino a ser de las ultimas, porque en los primeros 19 sorteos, de veinte que se hicieron, nunca salieron favorecidos y siempre quedaban aplazados para el próximo.

Y, colorín colorado, está columna se ha acabado.

Poeta
@CristoGarciaTap

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