En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 1 hora
Por: Aldo Civico

Yuliana y la monstruosidad del feminicidio

Abusada sexualmente y estrangulada. Así murió por manos de un hombre, en el norte de Bogotá, Yuliana Samboni, de siete años. La regularidad abominable del feminicidio es una llaga profunda de nuestras sociedades.

Sería un grave error ver la violencia contra la mujer como el producto de una mente instable o el efecto de una repentina pérdida del autocontrol. En el pasado, los delitos contra las mujeres se categorizaban como delitos pasionales, negando así su dimensión social y cultural. Es suficiente pensar que en Colombia hay cuatro feminicidios cada día para tomar conciencia de que se trata de un fenómeno social. La punta de un iceberg de difusas prácticas de represión y exclusión contra las mujeres.

De hecho, como escribe Andrea D’Atri, fundadora en Argentina de la agrupación de mujeres Pan y Rosas, “aunque el feminicidio cobre en las noticias los nombres y rostros singulares de una víctima y un victimario, se trata apenas de un engranaje en una gigantesca maquinaria de violencia contra las mujeres, cuya finalidad no es apenas la muerte de las víctimas, sino el disciplinamiento del cuerpo, del deseo, del comportamiento de las sobrevivientes”.

El feminicidio, que es la expresión más extrema de las fuerzas patriarcales, es perpetuado por hombres que tratan de representar de forma exagerada los ideales predominantes de la masculinidad, resaltando un control y un dominio extremo sobre las mujeres. Son hombres que vieron en el asesinato una forma para retomar el control en contextos donde la violencia como medio para afirmar el poder y el control es legitimada. Es decir, el asesinato de Yuliana no puede ser descontextualizado de la discriminación y la violencia que la mujer sufre en lo político, lo económico y lo social.

Por eso, la lucha contra el feminicidio solo puede ser efectiva a través de la promoción de un feminismo radical enfocado en la erradicación del dominio y del elitismo que existe en todas las relaciones humanas. Como escribió la activista afroamericana Cellestine Ware, la autodeterminación de la mujer es un bien supremo y requiere la caída de la sociedad como la conocemos hoy.

Es decir, la lucha contra el feminicidio requiere extinguir la cultura del dominio que permea nuestra cultura occidental, y nos compromete a todos, hombres y mujeres, a reorganizar a la sociedad de manera que el autodesarrollo de cada uno sea una prioridad respecto al imperialismo, la expansión económica, y los deseos materiales.

En otras palabras, el feminismo se debe redescubrir como un camino de liberación de toda una sociedad de varias formas de opresión que siguen vigentes. Por eso, como lo sugiere la gran bell hooks, no se trata tanto de decir “yo soy feminista”, como si fuera una identidad meramente ideológica o política, sino más bien de defender y promover el feminismo y sus valores.

 

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